El periodista y su circunstancia


Aquel periodismo

Aquel periodismo

Es difícil encontrar un libro sin fisuras y Daniel Muchnik lo logró en las 224 páginas de Aquel Periodismo: Política, medios y periodistas en la Argentina (1965-2012). En los tiempos en que personajes del llamado “periodismo militante” se preguntan “¿qué hizo tal persona en la dictadura?” Muchnik se encarga en desmitificar los determinismos sobre la historia. El capítulo que se llama “El tiempo de la dictadura” debería ser enseñado en todas las cátedras de periodismo y comunicación social de Argentina. De hecho, es el capítulo más extenso y tiene todo lo que hay que tener para entender que lo héroes no eran los que empuñaban las armas. Uno no es solo uno, es uno y su circunstancia. Muchnik, entre otras cosas, cuenta con mesura cada uno de sus pasos, sus esfuerzos y de otros para liberar a Jacobo Timerman del cautiverio y la censura/autocensura que se vivía en las redacciones en esos momentos.

Con eje en las historia económica y política del país Muchnik se transforma en una especie de Eric Hobsbawm del periodismo contemporáneo, y no estoy exagerando. ¿A qué periodista no le hubiera gustado ser parte de La Opinión de Timerman o ver la redacción de Clarín en los tiempos de oro dirigido por Marcos Cytrynblum? ¿Qué periodista no pagaría por ser compañero de redacción de Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Juan Gelman en Panorama Semanal? ¿A qué periodista orientado a la economía no le hubiera gustado tener como fuentes a ministros y principales empresarios del país? No, no exagero.

Muchnik no tiene la necesidad de hacer afirmaciones escandalosas como hacen otros periodistas cuando escriben libros. Para poner un ejemplo, atiende al libro que Jorge Asís escribió a principios de los ‘80s sobre la intimidad de la redacción de Clarín con la altura de un caballero. Recomiendo ese pasaje del libro.

Lo bueno de la narrativa del libro es que el relato no está hecho desde un punto de vista melancólico sino que trata que el lector sienta el entusiasmo de lo que eran las redacciones de aquel periodismo. Se sienten las teclas de las Lexington de los redactores, el olor de la tinta y la vibraciones de los edificios cuando la imprenta se ponía a funcionar. El autor cuenta desde anécdotas con gente famosa como Ringo Bonavena hasta chistes pesados que se hacen entre periodistas.

El último capitulo mira hacia el futuro del periodismo con un poco de tristeza pero mesurado porque da cuenta de las innovaciones de Internet y emprendimientos inteligentes como el Hufftington Post y Politico. Para terminar, me quedo con esta frase del libro que lo resume todo: “En definitiva, ayer, hoy, mañana, en el vasto panorama futuro, aun con la competencia de Internet y de toda la parafernalia tecnológica, no pudo ni podrá haber periodismo si no hay eficacia informativa, calidad en la escritura y, por supuesto, investigación y decencia. No hablo de ética porque la ética no se impone, se tiene o no se tiene.”

Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. Anónimo says:

    Estimado Martín Kunik. Me siento muy honrado por tu observación y análisis de mi último libro. He puesto mi corazón y mis tripas en su redacción y he tratado de ser justo y de entender las razones de los otros. Recordar, escribir sobre uno es un esfuerzo único, que no lo necesité en mis libros anteriores. Agradezco tus conceptos. Y a tus órdenes.

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