Matices


Populismo Binomial

Hay rasgos que son pocos perceptibles y le dan carácter a las personas y a las cosas. Tonalidades de color diferentes que tienen su mayor expresión en la piel de las diferentes razas y mestizajes. Gradaciones de expresiones literarias que van de lo exagerado a la sobriedad. Conciertos musicales que van desde la complejidad hasta la simpleza melódica. Matices que enriquecen y que abren puertas hacia nuevas alternativas.

En el mismo sentido, la política no está exenta de matices dentro de cada campo ideológico. Tanto dentro del socialismo, liberalismo o conservadurismo siempre hay matices entre las personas que se identifican con una u otra ideología. Sin embargo, en los últimos años fue avanzando en América Latina la reedición (nuevo no es) de la ideología del “nosotros o ellos”, o peor aun “nosotros o nada”. Son holistas binomiales ya que no ven los matices dentro de cada campo, sino dos broqueles antagónicos recortados por un solo clivaje: el pueblo (nosotros) y el antipueblo (ellos). Nada muy diferente con los nacionalismos de entreguerras y los totalitarismos del siglo XX pero enmarcados en el mundo globalizado del siglo XXI. Esta globalización hace que el nacionalismo sea relativo en América Latina. Si un gobierno esta en desacuerdo con criticas que provienen por ejemplo de Estados Unidos el tinte nacionalista sobresale. Sin embargo, si la zalamería proviene de Venezuela el nacionalismo se desvanece en un latinoamericanismo relativista.

El “socialismo del siglo XXI” o mas popularmente llamado “progresismo” es el principal (no es el único) motorizador de esta cultura política binomial. Uno o cero. Con un mensaje estigmatizante sobre el liberalismo y la década de los ’90 salen a avasallar a todo aquel que no se dice progresista (no importa si lo es o no es). Pero ese progresismo es pura dialéctica, porque la estigmatización se hace sin miramientos a los matices históricos. Entonces así un liberal, por ejemplo, es un defensor de la dictadura ya que el “liberalismo de mercado” fue instituido por Martinez de Hoz (ministro de Economía de la dictadura Argentina de los ‘70) o por Pinochet sin entender que si no hubo democracia no hubo liberalismo, hubo oportunismo. ¿O acaso el estatismo intervencionista de Stalin era socialdemócrata?

Salir de este enjambre que nos tiende esta corriente populista clientelar va a requerir mostrar la importancia de los matices. De que hay rasgos que hacen a la diferencia y que la democracia no es un valor que tiene dueño en una sola corriente ideológica sino que es compartida por varias vertientes.  No es casualidad que el kirchnerismo festeje pensadores defensores del populismo (Ernesto Laclau y Chantal Mouffe) o intelectuales de la censura (Horacio González y los integrantes de Carta Abierta) ya que ellos dan la justificación académica para la cooptación. La batalla cultural, la cual Gramcsi nos ha enseñado a prestarle especial atención y que en la actualidad tiene como herramienta fundamental a los medios masivos de comunicación, es el mojón del populismo clientelar para estigmatizar al adversario, transformarlo en enemigo de la democracia y cooptar voluntades. Si mostramos los matices, quizás en muy poco tiempo podemos desenmascarar la falsedad del mundo binomial que nos propone el populismo clientelar del chavismo, el kirchnerismo y sus réplicas regionales.

Twitter: @martinkunik

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