Ver pasar las estaciones


Después de una espera de media hora, el tren llega atestado de gente. Casi nadie se baja y casi nadie puede entrar. El tren se va y la gente queda esperando otra vez. Pasan varios minutos y desde los parlantes se escucha el soplido del trabajador ferroviario que prueba el micrófono. Sin dudar, anuncia: “próximo tren a Retiro en 20 minutos…” Sin espera, atravesando el murmullo de mal humor, se escucha del otro lado del andén un grito con una sorna efervescente: “¡Vaaaamos Cristina!” La gente afloja la bronca sonriendo y comienza el despoblamiento parcial de la estación en busca de alguna alternativa de movilidad.

La pérdida de tiempo del usuario es la representación analógica a la pérdida de tiempo que los políticos insumen en un debate sobre el traspaso del subte, colectivos y tranvía. Valga la tautología, en los últimos años “la vuelta de la política” implica enfrentar los problemas de la gente “políticamente”. En otras palabras, cuando los costos políticos apremian –costos que nadie quiere correr- aparece la “solución política” que puede implicar el incumplimiento de la constitución nacional (ej. Art. 75), soslayar planes de transporte en marcha (Ej. PTUMA) y buscar la polarización en la opinión pública (Ej. Chicanas sobre carteras y color de pelo).

La “solución política” termina siendo un oxímoron porque no es una solución, ni una política; sino una tercera acepción: una avivada. Así, de avivada en avivada (sin importar el color político de donde emana) el usuario sólo ve pasar el tren, el tren de su calidad de vida. Quizás, su vida. Porque finalmente de eso se trata la política, de solucionar problemas y mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Aquel que tiene un mínimo conocimiento de políticas de transporte y urbanismo, sabe que en aglomerados tan grandes como el Gran Buenos Aires es necesario crear agencias metropolitanas que abarquen la unidad económica por donde se desarrolla la movilidad. En síntesis, lo que hay que hacer es crear una Agencia Metropolitana de Transporte que abarque la ciudad y el conurbano y que integre la administración, la tarifa y la infraestructura. Esta triple integración permitirá aprovechar las economías de escala y redistribuir excedentes para fortalecer áreas geográficas deprimidas y con necesidad de mayor conectividad.

Es llamativo, que después de tres años tratando de implementar la tarjeta SUBE (uno de los pasos de la integración administrativa), el gobierno nacional traspase a la ciudad el subte y una fracción de colectivos. Es como dar un paso adelante para dar dos pasos atrás ya que avanza en lo administrativo pero fracciona la infraestructura (y posiblemente la tarifa).

En síntesis, para concluir, lo que tiene que volver no es “la política” porque nunca se fue, las ideologías nunca se pierden. Lo que verdaderamente debe volver son “las políticas.” Las políticas públicas de transporte, de cooperación interjurisdiccional, de planeamiento urbano, de transito y de fortalecimiento institucional. Negarle el paso a “las políticas” es ver pasar el tren y muchos queremos ver pasar las estaciones.

Twitter: @martinkunik

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