La UCR, el Pro y el clivaje


Mario Barletta

Mario Barletta

La palabra clivaje expresa un corte, una ruptura, algo que no puede o es difícil de unir. Tal como nos explicaron Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan (1967), las sociedades modernas son atravesadas por estos clivajes que, a su vez, configuraron los sistemas de partidos políticos. Así podemos divisar escisiones sociales relativas a la religión que dan como resultado, por ejemplo, partidos demócrata-cristianos y partidos laicos orientados a la fe en el Estado liberal (Holanda es un ejemplo). Además, existen clivajes donde la divisoria de aguas son los intereses de la periferia confrontando fuertemente con las elites del centro (España y los nacionalismos regionales). El control estatal sobre los aranceles a la importación o exportación de ciertos productos genera también partidos agrarios que confrontan contra aquellos que defienden los intereses industriales (Suecia). Por último, tenemos el clivaje que confronta los intereses de los “trabajadores” (obreros) contra los intereses de los “dueños” (patrones) que generan partidos de izquierda y de derecha o, si se quiere, denominados progresistas o conservadores. En relación a este último clivaje, muchos partidos han reclamado para si mismos representar cualquiera de los dos intereses, pero no siempre fue cierto.

Cuando Mario Barletta, presidente de la UCR, espeta “El Pro de Macri no tiene nada que ofrecerles a los radicales” percibo que gran parte de la dirigencia radical tiende a pensar en términos de clivajes. Es decir, para Barletta, la UCR pertenece al campo progresista y el Pro al campo conservador. El agua y el aceite. Pero esta concepción no solo expresa las diferencias ideológicas entre los dos partidos. Barletta al asumir que el Pro no tiene nada para ofrecerle al radicalismo da cuenta de una concepción en la que el partido es mucho más importante que los candidatos. La seducción por parte del Pro a determinados dirigentes radicales es una blasfemia antipartidaria imperdonable. Así, los rumores en relación de un acercamiento al FAP con el deseo de hacer una interna confirmarían esta visión. En otras palabras, la “institucionalización” de la relación con el FAP a través de una interna permitiría separar las aguas con los agentes extraños al progresismo. Aquí me voy a detener y marcar el error de análisis y lectura que tiene un amplio sector de la dirigencia radical.

Durkheim decía que la gente se juntaba por dos razones. Estaban aquellos que se juntan porque comparten características similares y así expresan un sentido de pertenencia. Pero también, estaban aquellos otros que se unen para complementarse y conforman una sociedad para sobrepasar dificultades. La política actual se inscribe en lo que se llama las “democracias de audiencia”, donde el partido político sigue teniendo relevancia pero en mucho menor escala que el conocimiento del candidato. Las ideologías no se desdibujan pero la gran cantidad de gente vota según sus sentidos y confianza que transmite determinado candidato y no un partido. Ya no hay tiempo para explicar plataformas partidarias, sino comunicar específicamente acerca de cómo solucionar reclamos específicos de la gran mayoría (seguridad, desempleo, economía, etc.). Ese candidato necesita como el agua del conocimiento de la gente. Cuando el candidato pasa determinado umbral de conocimiento, el peso del voto en relación a la clase social del elector es relativo y no absoluto.

En este sentido, el Pro puede ofrecerle a la UCR un candidato conocido por el 100% de la gente, una buena dosis de un efectivo marketing político, una estrategia de comunicación moderna y un interlocutor válido para reconstruirse al interior del país. Por su parte, la UCR ofrece su despliegue territorial y una larga experiencia en el apuntalamiento, movilización y manejo de recursos partidarios. Hoy parecería que la UCR estaría renunciando a la posibilidad de ser un partido “agarra todo” (catch-all party) -que obtiene votos de todo el espectro ideológico- tal como lo ejerce el peronismo sin ningún prurito. Si bien el peronismo sigue estructurando el sistema de partidos, el clivaje hoy es el kirchnerismo y el no kirchnerismo. Quizás Durkheim tenía razón…

Twitter: @martinkunik

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