Viviendo de arriba con el molinete liberado


Molinete liberado

La gota de sudor recorre tu espalda mientras esperás a la persona que está delante tuyo a que baje del tren. Enfrentas la salida junto a la manada que te acompaña y comenzás a ver como se practica el deporte nacional. No, no es el pato. Es el salto al molinete. Hay diferentes técnicas que van desde apoyar las manos a los costados para darse envión hasta el “salto” figurativo que es agacharse y pasar por debajo. El primero, en general, lo hacen los hombres y el último las mujeres. Mientras observas admirado el estado físico de ciertas personas bajo un día de mas de 30ºC con uniforme de oficina, pasás con tu abnegado boleto mensual por donde podés ya que algunos molinetes andan, otros están liberados y otros con “atascos de papel.” Cuando haces la conexión con la línea C del subte te encontrás con gentiles delegados sindicales que te invitan a pasar gratis porque según ellos hubo un aumento injusto de la tarifa. Gracias, pero el subte está como siempre: sucio, sin refrigeración y a veces con retrasos.

Durante los últimos años, nos acostumbramos a viajar sin pagar o pagar poco, a vivir “de arriba”. Pero vivir de arriba tiene sus costos que están a la vista de todos: trenes que no llegan jamás a horario, subtes viejos y sucios; y varios colectivos que llegan todos a la vez. ¿Qué nos pasó? Nos pasó la crisis del 2001. Hace una década se rompió el marco regulatorio publico-privado que regía para la provisión de servicios públicos. ¿En que consistía este marco? El Estado licitaba un servicio y firmaba un contrato con una empresa que se hacía cargo del diseño, la construcción, financiamiento y/u operación del servicio. La empresa en el contrato debía respetar ciertas medidas de calidad y eficiencia y se le permitía cobrar una tarifa, un canon y/o recibir un subsidio. En general, los servicios de transporte tienen cierto grado de subsidios porque los costos operativos y de mantenimiento son altos. En este esquema el Estado -todos nosotros- minimiza los riesgos y a través de la regulación y control obliga a la eficiencia del sector privado. Se muy bien que voy a ser criticado por los neokeynesianos/neosetentistas pero como usuario del tren Mitre recuerdo el mejoramiento de las estaciones urbanas, las frecuencias y las unidades en la decada de 1990. No lo leí en un libro de texto, lo viví.

Con la crisis de 2001 Duhalde tuvo que implementar un esquema supuestamente transitorio de subsidios para sostener la demanda de movilidad. Pero cuando Kirchner asume en 2003 (8 años atrás) en lugar de renegociar contratos (readecuación de tarifas y plazos de inversión), hizo que el Estado -todos nosotros- asuma los riesgos, se haga cargo de los costos, y de las inversiones. Por su parte, la empresa concesionaria sólo se ocupa de la operación del servicio sin la mas minima presión de llegar a parámetros de calidad porque se transforma en una maquina de recibir subsidios. Así aparecen los molinetes liberados y el capitalismo de amigos.

Al hacerse cargo del subte, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tendrá no sólo el desafío de superar el actual conflicto legal/sindical/mediático por las subas de tarifas. Para demostrarles a los usuarios que pagar más vale la pena y no es sólo un recurso para reducir el problema fiscal, deberá renegociar los contratos para poner en claro como se va expandir la red, cuales serán los compromisos de inversión y mejorar el servicio (frecuencia, confort y costos). Otro desafío a mediano plazo es coordinar con la Nación políticas de transporte que permitan integrar la tarifa, la administración y la infraestructura. Esto último permitirá, entre otras cosas, distinguir cuál usuario va a necesitar ser subsidiado a través de la tarjeta SUBE.

Por último, llama la atención que en el marco del capitalismo de amigos que vivimos, los gremios que cobraron aumentos salariales de envergadura son aquellos vinculados con servicios públicos concesionados, entre ellos el subte. Claro, estos aumentos fueron realizados con fondos públicos –todos nosotros-. El molinete sigue liberado. ¿Hasta cuando?

Twitter: @martinkunik

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