En el bar


Ella no terminaba de acomodarse su aro derecho en tanto relojeaba la puerta. Mientras él le hablaba, el bar comenzaba a llenarse de mesas con eventuales reuniones de trabajo. El estaba contento, la miraba sonriendo sin poder creer la nueva oferta laboral que le había aparecido sin buscarla. Ya podían planificar la compra de la casa que tanto habían anhelado. Iba a tener mas responsabilidades y menos tiempo pero sabía que se iban a arreglar. No podía esperar verle la cara a su jefe cuando le comunicara que renunciaba después de cinco años sin ninguna posibilidad de ascenso. Sería amable, buscaría las palabras sensatas de un falso agradecimiento y saldría por la puerta grande saludando a sus ex compañeros. Todo cambiaría para bien. Todavía no le había comentado a sus padres y pensaba que debía comprarse un nuevo traje y camisas para empezar otra etapa. En un momento le tomó su mano buscando que ella le sonriera. Ella lo hizo con una mirada ajena a la situación. El era una mezcla exaltación, felicidad y ternura que no podía parar de hablar. En un instante, ella le soltó suavemente la mano mientras el comentaba que organizaría un asado para darle la buena nueva a su grupo de amigos y a sus padres.

-El sábado es un buen momento… – dijo con displicencia buscando en ella algún signo cómplice. Ella respondió frunciendo sus labios y asintiendo sin emitir palabra.

El silencio y las miradas dominaron la situación. El aproximó su torso a la mesa y mirándola fijo y con cierta incredulidad preguntó: – ¿Pasa algo?

Ella suspiró, tragó saliva, dejó su aro y mirando intermitente a la mesa y a él le dijo: – Gastón, me hubiera gustado decírtelo antes.- La angustia le llegó a la garganta con la fuerza de la culpa y espetó: – Gastón…hay otra persona…

Twitter: @martinkunik

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