Paseo


Paseo

Paseo

No lo cuentes, pero desde que camino con vos creo que las mujeres me prestan más atención. Vos te acomodás en tu asiento y en el ascensor miras fijo el espejo y en el reflejo me sonreís. Salimos y tus ojos miran para todos lados, te atrapan las ramas de los árboles, te sorprenden los autos cuando pasan por la avenida, te molesta el sol cuando te da de frente. Los fines de semana, cuando entramos a la panadería, esa mujer detrás del mostrador arma un escándalo cuando te ve, grita, te sonríe, me sonríe, vos le sonreís, miras sorprendida las estanterías luminosas y ella me deja hacer el pedido a mi primero. En el transcurso del paseo cualquier amanecer o atardecer ilumina mi orgullo. Cuando cruzamos la calle rumbo a la plaza de Arcos y Aguirre ese señor avejentado sentado en ese bar te ve pasar y se le alegra las arrugas, levanta la vista y por unos segundos quizá envidia mi juventud. Ahí voy con el pecho inflado como el Diego en el centro del campo saludando a la tribuna. Ahí voy con mi ego hasta las nubes, con mi paternidad incontenible. Ahí voy, empujando ese cochecito con la tripulante más seductora, el imán de todas las miradas que comparte conmigo, el actor de reparto del paseo.

Tu mano va agarrada de un costado, tu cabeza tambalea un poco en el empedrado pero ya encontraste el equilibrio suficiente para no perder nada del paisaje. Vas erguida con un sobrerito rosa que a veces con el traquetear de las ruedas se te va para adelante y te tapa los ojos. Cuando cruzamos Olleros la cajera del Starbucks parada en la entrada suspira con ternura detrás de la puerta de vidrio, levanto la vista y me mira con complicidad. No sé qué extraña magia se produce cuando un hombre es el que empuja el cochecito, no sé si será mi percepción pero yo me siento sexy. Yo sé…papá es un ridículo pero un ridículo sexy. Con vos me siento caminando sobre una alfombra roja imaginaria e infinita a lo largo de la vereda. Es como ir zurciendo una estela de atracción aunque yo esté vestido con una remera avejentada, un impresentable short adidas y ojotas. Y ahí vamos señoras paquetas, abran el paso que la hamaca es nuestra.

A la vuelta, la excitación se calma y el sueño te va ganando en cada round. Percibo que madura el knock out. Las ruedas siguen girando y en una breve pausa yo recuesto tu respaldo. La gente pasa y te mira y yo pienso lo bueno que es no tener responsabilidades. El portero nos abre la puerta, se ríe y me dice lo grande que estás. En el ascensor veo en el reflejo tu respiración pausada, levanto la vista, me miro y me veo despeinado, ojeroso, desarreglado. El efecto cenicienta se desvanece para mí, el tuyo sigue intacto. Abro la puerta del departamento y tu mamá en voz baja me pregunta cómo nos fue en el paseo. Bien, cómo nos iba a ir si somos la mejor dupla. Me mira de abajo hacia arriba y con un dejo de ironía e indignación me  interpela “¿usted salió así?”

Twitter: @martinkunik

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