10 años después


Que se vayan todos!

Corrupción. Recensión. Desempleo. “Menem lo hizo.” Frustración. “Dicen que soy aburrido”. Alianza. Esperanza. De la Rúa-Álvarez-Alfonsín-Fernández Meijide-Terragno. “Somos Más.” Impuestazo. Machinea. Tablita. Rumores. Senado. Coimas. Flamarique. “Tengo la Banelco”. Renuncia. Sin vice. Café Varela Varelita. Elecciones legislativas. Voto en blanco. Voto anulado. No les creo nada. López Murphy. Educación. Medios de comunicación. Cavallo. FMI. Blindaje. Ajuste. 13% de las jubilaciones. Mas ajuste. Corrida bancaria. Rumores de feriado bancario. Corralito. $250. Saqueos. Cacerolas. El foco en la indignación. Más cacerolas. ¡Que se vayan todos! ¡Que no quede ni uno solo! Conurbano. Represión. Ciudad de la furia. Mas de treinta muertos. Renuncia. Helicóptero. Sin presidente. Puerta. Rodríguez Saa. Default. Aplausos. Grosso y su prontuario. Racing campeón. Chapadmalal. Nadie. Renuncia. Camaño. Asamblea constitucional. Duhalde. “El que depositó dólares, recibirá dólares.” Pesificación asimétrica. Corralón. Plan trabajar. Chapas en los bancos. Cuasimonedas. Patacones. Club del trueque. La única salida es Ezeiza. Pobreza y mas pobreza. Piqueteros. Tren blanco. Cartoneros. Kosteki y Santillán. Elecciones. De la Sota no. Reutemann vio algo y no le gustó. Kirchner si. Menem otra vez. Segunda vuelta. 22%… Soja…

Describir lo traumático del 2001-2002 no tiene mucho sentido. Todos los que estuvimos durante ese periodo en Argentina sabemos como se vivía; de la angustia de uno y la angustia de los otros. No tengo la intención de hacer una análisis, revivir el drama, menos, de banalizar lo vivido. Simplemente quiero contar algunas anécdotas de esos momentos. Fueron momentos duros, muy duros. Por mi parte estuve mucho tiempo sin trabajo, fundé un partido político y descubrí que siempre es mejor equivocarse haciendo algo que quedarse paralizado por la adversidad. Van algunas mini anécdotas para sublimar lo vivido y dar cuenta del “sentido de epoca” de una década atrás.

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Me habían ofrecido escribir un libro que finalmente iban a firmar otros. Parte del contrato. Volvía de la reunión que definía los márgenes de la temática y estaba relativamente contento porque tenía algo para hacer. Era a comienzos de 2002, febrero, quizás marzo. Caminaba por la calle San Martín con mis 23 años. No recuerdo bien si era a la tarde o era de mañana. Lo que recuerdo es que la calle estaba desierta. Verano en la ciudad, ni un alma. Bajaba hacia Retiro y de repente escucho que en la vereda de enfrente se abre una puerta y alguien que baja unos escalones. Me parece conocido y empiezo a disminuir el paso por la sorpresa. El miró hacia un lado y hacia el otro como esperando no ver a nadie para cruzar la calle para meterse en su auto. Mientras lo reconocía hicimos contacto visual. Hacía unos pocos meses él era uno de los ministros mas importantes del gobierno de la Alianza. Duró medio segundo el contacto de ojos. Su cara se transformó, hizo lentamente un paso atrás mientras me miraba y desesperadamente volvió abrir la puerta para volver a entrar al edificio. Miedo, eso tenía. Tuvo miedo de mi. Un ex ministro le tuvo miedo a un pibe de 23 años. Primero sonreí y pensé que se lo iba a contar a mi familia. Pero cuando mas me acercaba al tren me dio pena, pena por él, pena por mi, pena por el miedo. Recordé a  Maquiavelo y pensé “un político que le tiene miedo a un simple transeúnte.” Los políticos no podían literalmente caminar por la calle, el miedo los paralizaba.

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Mi papá es médico cardiólogo y especialista en medicina del deporte bastante reconocido. En esa época recibía muchas invitaciones a dar charlas por todo el país, me acuerdo que un médico siempre lo invitaban anualmente a un congreso en Bariloche. No recuerdo bien por qué pero mi viejo me pidió que le revisara sus mails una vez que yo hiciera lo mío en la computadora y que le imprimiera alguno si era muy importante. Eran los tiempos en que la gente estaba enardecida. Cuando empiezo a ver los mensajes que recibía aparece uno con un nombre de lo que parecía una empresa o mensaje colectivo trucho. Era como un panfleto que decía que había que terminar con los políticos corruptos. Eso quería decir para el emisor del mensaje que todos los políticos debían abandonar el territorio argentino. El flamígero correo terminaba con un “que se vayan todos, que no quede ni uno sólo!” Me parecía ridículo la forma y el contenido de todo el mensaje y le respondí que no sea infantil que no se podía gobernar un país con asambleas callejeras. Que además no se podía poner a todos en una misma bolsa, que gobernar no era soplar y hacer botella. Que piense mas lo que estaba diciendo.

La bronca incontenible de la gente con el gobierno, el de De la Rúa o los subsiguientes, se mantuvo por muchos meses. Cuando le conté a mi viejo de lo insólito de ese mail y de mi respuesta, él comenzó a agarrarse la cabeza. Creo que hasta el momento no volvió a ser invitado a Bariloche…

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Me habían enviado al Banco Nación a pagar unos impuestos. Una tortura. El Banco Nación siempre tiene largas colas y en el 2002 tenía más. Llego y comienzo hacer la fila pacientemente. Me encuentro con la madre de una ex compañera del colegio con quien no tenía muchas ganas de hablar. La fila no avanzaba y me doy cuenta que en hora pico había un solo cajero abierto atendiendo a decenas de gente. Primero fui a una de las mesas de atención al cliente, esas mesas donde te atienden para hacer un plazo fijo o sacar un crédito. La empleada me trató muy mal. Entonces decidí pedirle a otros que estaban detrás en escritorios que abrieran mas cajeros. De repente sale un gerente o un jefe de sucursal diciéndome que yo era un pendejo insolente y que no tenía nada que hacer detrás del mostrador. Yo me le quedé discutiendo que no podían atender con un solo cajero a tantas personas. El levantó la voz sin darse cuenta que los bancos no gozaban de la mejor imagen. Cuando la gente ve lo que estaba pasando empezó a gritarle al gerente que me dejara en paz. Se armó una sublevación ciudadana como pocas veces se ve en una sucursal de banco. La gente no paraba de gritarle al gerente. No era una cuestión de genero. Hombres y mujeres comenzaron a increpar a este personaje y a todos los empleados del banco. La seguridad se mostraba superada sin saber que hacer. En menos de un minuto abrieron tres ventanillas mas y la gente comenzó a calmarse. Los bancos estaban lejos de poder hacerse los cócoritos después de semejante debacle…

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Guardo mas anécdotas con el signo de los tiempos. Como aquella mujer que no paraba de insultarme con su hijo en Florida y Lavalle cuando estaba con otros juntando firmas para armar un partido político nuevo en junio de 2002. Recuerdo que esa señora paqueta me decía “embrión de corrupto” y yo le explicaba que ninguno de nosotros habíamos participado en política. O cuando un prestigioso columnista de La Nación en un hotel daba una conferencia pronosticando una Argentina sin caudillos provinciales y se ofendió conmigo cuando le di a entender que sus predicciones no tenían sustento en la realidad.

El 2001-2002 es un periodo triste de nuestra historia. Tenía la opción de recordarlo con una nostalgia negativa pero la verdad ya tuvimos demasiado. Eso si, volvieron todos…

Twitter: @martinkunik

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