El derrotero de la SUBE


Es interesante como un tema tan complejo como es el transporte está en la boca de todos cada vez que se producen cambios en ese sector. No hay mucho secreto, todos, alguna vez, viajamos en bondi, subte y/o tren y cambiar alguna rutina siempre produce fastidio. Todos opinamos y en los últimos años se ha puesto de moda masivamente pretender viajar gratis.

En el medio de esta situación, la implementación de la tarjeta SUBE es un avance pero la forma en que se hizo, instigando a la gente a hacer largas filas bajo un sol incandescente fue, por lo menos, desprolija. La comunicación falló. Nunca se comunicó bien y cuando se lo hizo dejó “mas dudas que Samantha.” En el medio se suscitó la polémica de si el gobierno debía tener nuestros datos de movilidad y un grupo de trasnochados paranoicos comenzó una campaña para intercambiar las tarjetas entre usuarios para evitar que nos sigan que fue levantada irresponsablemente por los principales diarios. En este contexto un periodista de medios y espectáculos sacó en la versión online en un centenario diario un artículo sobre la polémica acerca de los datos que iba obtener el gobierno como si en otras partes del mundo no se usara el mismo método.

La ola sigue, hoy me encuentro con un reconocido académico devenido en bloggero quién tiene una acertada mirada sobre la SUBE pero sus propuestas simplifican la complejidad de un sistema de transporte público urbano y metropolitano. Tiene razón en relación a que la tarjeta SUBE va a facilitar las transacciones y que la información va a servir para planificar a quien se le da el subsidio y a quien no. Sin embargo, su propuesta pierde credibilidad y factibilidad cuando habla de hacer carriles exclusivos por todas las avenidas de la ciudad para hacer transferencias entre líneas de colectivos en forma gratuita.

En primer lugar, la tarjeta SUBE no sólo va a servir para redistribuir los subsidios que van a la oferta (empresas) volcándolos a la demanda (usuarios necesitados), sino que permitirá cambios intermodales donde el precio total del viaje sea mas barato en determinado periodo de tiempo. Esto quiere decir que si uno toma el subte y baja en una estación para tomar un colectivo, la tarifa del viaje total (boleto de subte + boleto del colectivo) va a ser menor que la suma de sus partes individuales. Esto ocurre en las grandes ciudades desarrolladas. Lo que hay detrás de los datos que obtiene el gobierno no es sólo para la redistribución de subsidios sino también para planificar la demanda de viajes intermodales.

En segundo lugar, Lucas Llach nos muestra un mapa donde recorrerían esos buses que tanto defiende. Siempre proponer es interesante y positivo, pero hacerlo indica que hay que tener cierta información antes. Los ingenieros en transporte y los planificadores urbanos serios buscan cuales son los nodos principales y secundarios. Los puntos de origen y destino dónde va la gente. Por ejemplo, mucha gente del sur va desde Avellaneda o Lanús hasta ciudad universitaria o de Retiro hasta Villa Lugano. A través de esos puntos se trazan los trayectos de las líneas de buses. De hecho, me sorprende que un especialista en historia económica no tenga en cuenta la historia de las líneas de buses ya que pretende eliminar una gran cantidad. No me imagino dueños de líneas de buses pidiéndole un trayecto a la CNRT que pierda dinero en un contexto sin subsidios (previo a 2001). Si la propuesta sería para que no haya tantos bondis sin pasajeros porque viven de los subsidios, la idea debería apuntar a otra parte. Igualmente en términos generales hay menos unidades.

En tercer lugar, un sistema de transporte público urbano inteligente se hace dentro de lo que se llama “área metropolitana”. La planificación del transporte no puede ser hecha en un mapa que sólo tenga en cuenta la Capital Federal sino incluir, por lo menos, los 25 municipios que lo circundan. La implementación de la SUBE es el primer paso que busca como finalidad la integración de la tarifa, la administración y la infraestructura. Esta triple integración va a permitir planificar seriamente el transporte.

En conclusión, tal como dice Lucas Llach la SUBE es progreso. Pero es progreso no sólo para obtener el boleto de colectivo mas rápido. Sino para poder hacer viajes intermodales mas baratos, redistribuir los subsidios, integrar el sistema y planificar inteligentemente. Somos muchos en la ciudad y si nos movemos mal se pierde tiempo. Como se sabe, tiempo no sólo es dinero sino también vida…

Twitter: @martinkunik

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