Viento


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Viento

No entiendo a esa gente que se abriga el pecho por estos días. No hay nada mejor que dejar entrar esa brisa primaveral entre la camisa. Este viento oxigena las ideas, borra el mal humor. No es el viento del invierno. Este es amable, acaricia mientras uno camina hacia un encuentro. Uno lo aspira y tarda en exhalar, es el optimismo que te llega de golpe. Sopla y peina. Uno se ve en las vidrieras con una mirada cómplice que sonríe. Ahí viene la primavera, las piernas desnudas, las polleras en cámara lenta. Ahí viene el vientito y lo paro de pecho.

Su soplido causa expectativa. A veces se lo espera con ansiedad. Una vez, subía las escaleras del subte y vi una escena que me dio ternura. Bajaba una madre de la mano con su hijo chiquito. En los primeros escalones el nene la miró y le preguntó con desilusión: “¿mamá y el vientito?” El chico esperaba ese aire que sale hacia fuera cuando el subte llega a la estación.

En el auto, aprendí a apagar el aire acondicionado y bajar las ventanas. Cuando estoy solo y voy a velocidad saco la mano y me pongo a hacer olas imaginarias ondulando con mi muñeca mi palma y antebrazo. El aire pasa por debajo y por arriba, el viento juega. Los días que voy a fútbol el auto agradece la ventanilla baja. Cinco monos en mi humilde Chevrolet Agile es mucho olor a huevo. La corriente fresca inunda el interior. El auto acelera y los cachetazos del viento invaden la parte de atrás ventilando el último resquicio de tufo masculino.

La costa argentina no sería argentina sin viento. Aún en verano acompaña en las caminatas. De frente en la ida, a favor a la vuelta. Cuando se enoja escupe arena que pica en las piernas y dibuja su paso pelando la orilla. El banderín rojo anuncia que el viento lucha con la marea. Mejor no meterse. Pero hay días en que se calma y se transforma en brisa. Uno se sienta cerca del mar con mate y bizcochos a ver los atardeceres dorados. El mar se contrae y el picado se arma.

¡Ay viento, si habremos remontado barriletes juntos! Si no fuera por vos ese gol no entraba. Sin esa ayudita la pelota no besaba el fleje. A veces te odiamos, a veces te pedimos. Sos un mal necesario. La gente hasta te incorporó en los saludos:

-¿Cómo estás?

-Viento. ¿Bosta?

Es una forma que no nos faltes nunca. Necesitamos tu empujón para animarnos o sentirte de frente para despertarnos. Sos el envión del destino. El aliento del cielo.

@martinkunik

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Comments

  1. el viento me hace sentir Linda

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