La rutina


La ballena

La ballena

-Oficial, ¿usted sabe lo que es la rutina?

-Continúe con la declaración señor Gauna.

-No. Espere. Deje la computadora un segundo. Míreme a los ojos por favor. La rutina, ¿usted la conoce? ¿Entiende de lo que hablo?

-…

– Veo que no le interesa. Pero esto es gran parte de mi declaración. Si quiere anótelo, si no, empiece a escribir cuando sienta que ahí empieza. Yo necesito empezar desde el principio y el principio es la rutina. La culpable de todo esto es la rutina.

-Prosiga señor, por favor.

– Mi colectivo arranca tres minutos después que el de Aldo. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Todos los días, todos. De lunes a viernes. Uno empieza en este oficio con ganas, cuando te dan tu unidad te subís y te sentís poderoso. Sos alguien, es tu herramienta. En los recorridos vas viendo gente que sube y que baja. Vas encontrando que todos tienen su rutina. Todos, eh. No hay uno de que no. En la calle Simón Pérez y Jachál siempre se sube una señora con su hijo, un pendejito así. Bien pichón. Me dice “hola señor colectivero” y yo le contesto “¿qué hacés bosterito?”  A veces, canta canciones que me hacen acordar cuando mis hijos eran pendejos. Me enternece el bosterito ese. Antes de bajar me grita desde la puerta de atrás”¡chauuuuuu chofeee’! ¡Nos vemos!” y a veces la madre lo sarandea pa’ que baje porque llegan tarde al jardín. En la esquina de Marconi y Zepellin, bien temprano a la mañana, siempre está esta mina, creo que estudia abogacía. Siempre perfumada. Parece como la mina esta de la tele. ¿Cómo se llama?…bueh, ya me voy a acordar. A veces, tiene esos vaqueros tan ajustados que los pibes que van en el bondi cuando sube la aplauden. Se nota que estudia en Ramos Mejía. Sube y antes de pedirme el boleto me sonríe y me dice seria “¿cómo anda?” y yo que ya estoy pasado en años tengo ganas de decirle tantas cosas. Tantas cosas. Pero uno es un profesional, uno es la ley en el bondi y si uno se desbarranca después te denuncian a la CNRT y es todo un quilombo. ¿Dónde iba? Ah sí, la rutina, perdón. Cómo le contaba oficial. Yo le puedo relatar donde se sube y donde se baja cada personaje del municipio. Los viejos, los jóvenes, las minas. Todos, eh. Pero no lo voy a aburrir. El tema es que con el tiempo uno se va poniendo bravo. El recorrido empieza a aburrirlo a uno. Ya le tomás los tiempos a los semáforos, ya te conocés los cruces, ya sabés como arrear a la gente en hora pico, ya sabés a donde podés pisar el acelerador y cuando no. Así de que llega un momento que empezás a balurdear, la sabiola carbura, empezás a imaginar cosas. ¿Me entiende oficial?

-¿Cosas como qué Gauna?

-Cosas… ¿o usted no sueña? Un día soñé irme a la mierda. Conocer el sur. Agarrar Ruta 3 al fondo e irme a ver las ballenas. Ser libre, escapar de la rutina. No sé, esas cosas.

-¿Las ballenas? ¿Las de Puerto Madryn?

-Sí, esas. Hace años que lo jodo al Aldo y a los muchachos con ir a ver las ballenas; los muchachos me mandaron a filetear el bondi con el nombre “Ballena”. Jodo, jodo y jodo con irnos todos a la Patagonia pero nadie me toma en serio. “Dale mojarrita, déjate de joder…” me dicen y yo sigo como obsesionado con el tema.

-Y entonces, ¿cómo me explica lo que sucedió?

-Entonces, nada. Me levanté temprano, desayuné mi mate con tres Don Satur y me fui a la empresa. Aldo salió tres minutos antes que yo, le firmé la libreta al supervisor y me largué a Lomas del Mirador. Cuando llegué a la General Paz hice la vuelta en sentido a Catán y ahí me carburó mal.

-¿Qué le carburó?

-Me carburó la idea de seguir y seguir. La gente iba subiendo y bajando del bondi y mi corazón empezó a latirme más rápido mientras me acercaba a Catán. En Isidro Casanova se subieron tres pibes con mochilas. Una chica y dos chicos, parecían estudiantes. El bondi venía con cerca de veinte personas. Yo sabía que no iba a poder hacer la segunda y última parada porque ahí está el garaje de la empresa en Catán. Entonces, en Casanova, cuando entraron estos pibes me paré y le dije a la gente “señores yo voy a hacer una sola parada en Catán, el que no se quiera bajar en Catán sigue conmigo hasta la Patagonia porque no voy a parar en la terminal”. Varios protestaron y otros se rieron. Pensaban que era joda. Y entonces les dije con cara de orto “no, no es joda. El que se queda en el bondi se viene conmigo por Ruta 3 a ver las ballenas.” Me senté y puse primera, estaba un poco nervioso pero estaba encabronado con la idea. Llegué a Av. Russo y grité “última parada”. Se empezaron a bajar, alguno me mandó saludos a mi vieja y a mi abuela; como se imaginará oficial. No sabe la calentura de la gente. Esperé a que el bondi quedara libre pero los pibitos de Casanova no se bajaban. Los miré y uno, el más morochito me dijo, “nosotros te hacemos el aguante. Nosotros queremos ver las ballenas’”, les pregunté cuántos años tenían, la chica tenía 20 y los otros 21. “Bueno” respondí “pero nada de mariconear en el medio del camino”. Los tres me sonrieron y yo me sentía con hinchada propia. Me sentía como el día en que Almirante Brown le ganó a las gallinas, me sentía Giunta en la línea de cal gritando los goles. ¿Usted vio ese partido?

-Sí, cómo no recordarlo, si soy hincha de River… Pero no se me distraiga Gauna. ¿Qué pasó después?

-Cruzamos Marcos Paz, entramos a Cañuelas. Ya era todo campo. Donde empieza la pampa, se ven las vaquitas. Venía hablando con los pibes pensando que a esa hora el supervisor debería estar extrañado que la unidad mía no aparecía. Los pibes eran de Laferrere, estaban estudiando. Uno me preguntaba sobre el motor del colectivo, me dijo que era aprendiz en un taller de Casanova. La chica era la más callada, una mudita. La verdad de que hablaban más entre ellos de que lo que intercambiamos palabras nosotros. Yo estaba pensando en la ruta y en el tiempo que nos iba a llevar. Cuando llegamos a Las Flores, busqué una YPF con gasoil. Se me estaba ahogando el bondi. Llegamos a una grande que queda después de la rotonda. Yo me quedé cargando el tanque y los pibes entraron al kiosco que tiene esa estación. Pagué el gasoil y resulta de que estos pibes no salían, yo ya estaba sentado en el bondi pasándole un trapo al espejo. De repente, empiezo a escuchar corchazos. Creo que fueron dos, me paré y en ese momento entran los tres acompañados por un playero. La chica lloraba y los otros dos estaban armados. Uno le apuntaba a la sabiola del playero y el otro me apuntaba a mí. Me dijo “arranca el bondi ya o te quemamos”.

-Y entonces…

-… Arranqué, ¡¿sabe el julepe que tenía en ese momento?! Uno le gritaba a la chica “callate, callate gato…te dije que distrajeras al que estaba en la puerta, ahora ya está”. El playero estaba pálido como teta de monja, no entendía una mierda. El que tenía el caño en mi cabeza estaba muy nervioso y me gritaba que fuera más rápido. La ballena con el tanque lleno no acelera mucho, pesa, además el viento venía de frente. La Ruta 3 tiene muchos camiones y yo los pasaba como si fueran postes. El playero les explicaba que acababa de tener una beba, que por favor lo dejaran que ya me tenían a mí…Un amigo el playero…los pibes le dijeron que se acostara al final del bondi en el piso y que si no se callaba lo iban a boletear. No sé…

– ¿Qué no sabe Gauna?

– No sé cómo pasó todo esto.

-…

-No sé cómo me salí de la rutina. ¿Me entiende?

-Lo entiendo. Termine el relato Gauna por favor.

-Como cuatro kilómetros después de Las Flores, la ruta estaba cruzada por un camión y nos estaba esperando la policía con tres móviles de los costados de la ruta. Era la red para cazarnos. Pensé que mi corazón iba a reventar. Empecé a frenar pero el que tenía el chumbo en mi sabiola me dijo “¿qué hace’ gato?” y empezó a pisar mi pie, el pie del acelerador. Yo vi que nos estrellábamos, que nos matábamos. Ahí tiré el volantazo, mordimos banquina y el bondi se puso de costado, patinó unos metros y quedó. Solo recuerdo a uno de ustedes tratando de sacarme por una ventana. Ya, en el patrullero, mientras me curaban las heridas vi el cuerpo. No se movía. La ballena había encallado en la pampa húmeda.

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