El retador


Martín Karadagian y sus Titanes en el Ring

Martín Karadagian y sus Titanes en el Ring

Yo lloraba. Mi hermano me abrazaba en la butaca. Nunca había estado tan cerca. Nunca había percibido el peligro tan cerca. En ese instante me di cuenta que la televisión tenía una pared invisible. Algo que me separaba de su contenido. El viejo Sony Trinitron se encendía con ese botón plateado atravesado por una línea verde. Se encendía la furia del color y los luchadores salían a la contienda con las canciones que los indentificaban.

El gran Martín; Martín, como yo, generaba en mí la admiración incondicional que se le brinda a un justiciero. Yo quería ser Karadagian, quería que los chicos se alegraran cuando me vieran, quería que corearan conmigo “el-cor-ti-to- el-cor-ti-to- el-cor-ti-to”. Para mí y para la generación de mi hermano era el único héroe, el verdadero héroe sin par. El único titán.

Pero esa mañana, en ese circo helado de Mar del Plata, después de haber visto como “el Ancho” Rubén Peucelle apabullaba al mefistofélico Gengis Khan, comenzaron a presentar la pelea siguiente, la última contienda.  Se escuchaba por los altos parlantes la voz inconfundible de José Bocacci que con todas las letras decía “el retadorrrrrr de esta pelea finalllll es…la Moooooomia Neeeeeeegraaaaa…”. Y yo que tenía 5 o 6 años la vi levantarse detrás de mí butaca que estaba en las últimas filas, la vi erigirse con su malevolencia, la vi y me cagué hasta las patas. Ahí iba, caminó con sus guantes boxeadores hasta el ring y el siniestro árbitro, William Boo,  revelando sus intenciones, le sostuvo las cuerdas amablemente para que entrara al ring. No pude parar de sollozar del susto y mi hermano con 12 años me ponía una mano en mi pecho para apaciguar mi angustia. Sólo me calmé cuando Martín se presentó en escena. Así, como salía siempre para derramar el mito y ajusticiar al mal. Ahí me paré en la butaca y abrazado a mi hermano mayor empecé a aclamar desaforadamente “el-cor-ti-to- el-cor-ti-to- el-cor-ti-to” como si estuviera en la pieza de mis papás frente al viejo Sony, frente al show que entraba a la casa por la pantalla.

Twitter: @martinkunik

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