Una vuelta al Sol


Una vuelta al Sol

Una vuelta al Sol

Y aquí estamos. La acabamos de completar. Fue una vuelta hermosa, una vuelta que no voy a olvidar. No hubo sortija, porque no es necesario. Vamos a dar más vueltas. Muchas más.

El momento en que te vi por primera vez, pasé de lo aterrante de vivir una cesárea ajena, de estar a un lado sin poder hacer ni tocar nada, a una emoción que se impregnó para siempre. Ahí estabas, seguramente aturdida por la luz. Ahí, llorabas como pidiendo volver a donde te sentías feliz. Llorabas y los ojos de tu mamá junto a los míos se humedecieron contemplando nuestra creación. La neonatóloga, ya en otro cuarto, agarró tus piernas como un pollo y tu cabeza, y te lavó. No parabas de llorar y yo no paraba la emoción de conocerte. Uno de tus pies quedó sellado en un certificado nacimiento y te pusieron dos inyecciones en los muslos que me hicieron enojar. Te alcé y te llevé a ver a mamá que quería estar con vos a pesar de las pocas fuerzas que le quedaban de una noche extensa y conmovedora.

Recuerdo la primera noche que no podías parar de llorar. Pensé con ilusión que si yo te mecía en mis brazos te ibas a calmar. Sin embargo, el llanto no acababa. Me angustié pero me di cuenta ahí del cien por ciento de mi responsabilidad. De que era padre y que mi función no era angustiarme sino demostrarte que conmigo estabas a salvo de cualquier cosa que te estuviera sucediendo. Muchas veces luchamos juntos por el sueño, yo a favor, vos en contra. Pero finalmente logramos descansar para despertar con todas las pilas, para hacer paseos en el cochecito, para seducir a los transeuntes que nos miran al paso, para ir a la plaza a repartir risas en la hamaca, para viajar en avión a Colombia y volver con miles de regalos, para llenarlos de felicidad a tus abuelos y tíos, para crecer, para vivir, para disfrutar.

La vuelta te vió crecer. Te gustaba dormir mucho de día. Con el tiempo te parabas en la cama. Hacías ruiditos con la boca que grabamos con nuestros teléfonos y que espero no olvidar jamás. Yo te imito y vos me mirás sonriendo sabiendo que estábamos jugando. Hicimos y hacemos conversaciones con epítetos, con gritos, con ruidos y ruiditos. Conversaciones que solo vos y yo comprendemos. Te vimos como intentabas darte vuelta en la cama, dormías entre almohadas que circunscribía la jurisdicción de tus movimientos para que no te caigas. Mamá y yo ganamos ojeras, cumplimos horarios increíbles, nos reíamos y nos seguimos riendo de nuestro cansancio. Vos nos pagas con tu buen humor que espero y deseo que siga por siempre. Con tu risa a más no poder, con tus bienvenidas cuando yo vuelvo del trabajo, con tu suspirito cuando te entregas al placer de dormir en nuestros brazos nos haces feliz. Y ser feliz no es un momento como dicen algunos. Ser feliz implica experimentar algo nuevo, vivirlo y sentirlo.

No te voy a mentir. Sufrí cada vez que te teníamos que vacunar. Mamá fue más valiente que yo en esas circunstancias. Yo sabía que era lo mejor para vos pero no soportaba que te pincharan. Fui a todas las citas con el pediatra, te molesta cuando te pesa en esa balanza fría, te fastidia cuando te mide con ese metro de madera. En fin, “vamos bien” nos dice. Cómo no vamos a ir bien si te comés hasta la última miguita que encontrás en el suelo, hasta la arena del arenero. Gritarte “¡NOOOOO!” no sirve. Vos vas, la vez con ojo de águila y trabajosamente con tu deditos índice y pulgar encontrás la manera de agarrarla para llevártela a la boca rápidamente. Mamá una vez te tuvo que sacar una mota mugrienta de tu boca y vos no la querías soltar…

Además de tu risa, en esta vuelta derramás baba. Mucha baba. Porque los dientes impertinentes vienen con baba y van saliendo de a uno. Al principio estabas molesta al dormir pero con el tiempo te fuiste acostumbrando. Ahora tenés cuatro, son los cuatro dientes más lindos del mundo. Son suficientes para dibujar la risa más auténtica, la risa que me pierde, la risa que me despierta a las mañanas, la risa que amo.

En esta vuelta te vimos como empezaste a gatear y así recorriste por tus propios medios todo el departamento. Hay momentos en que desapareces del comedor y cuando vemos donde estas nos estas mirando con cara de pícara en el pasillo para que te persigamos. Cuando te vamos a agarrar te apresuras derramando tu risa cómplice, como sabiendo que te vamos a alcanzar. A veces, siento que algo tira mi pantalón desde abajo. Sos vos, queriendo pararte o pidiendo que te haga upa. Y yo siempre te voy a hacer upa. Siempre, hasta que pueda. De hecho, me regañaron en varias oportunidades por dormirte arriba de mi pecho porque dicen que te vas a acostumbrar. ¿Qué esperan? ¿Si no lo hago ahora cuándo lo voy a hacer? Cuando crezcas no vas a querer estar conmigo. Te va a dar la vergüenza adolescente de que te vean con tu papá. ¿Si no aprovecho ahora, cuando te voy a dormir en mi pecho?

Hace once días te ví caminar tus primeros pasos por primera vez. Hasta ese momento te parabas pero sucumbías en la vagancia. Cuando veías que el equilibrio no te ayudaba te precipitabas a flexionar las rodillas y apoyabas el culo en el piso para luego gatear. Pero de a poco te vi tomar confianza agarrada de alguien o de algo recorrías toda la casa para tratar de manotear lo que estuviera a tu alcance. Te gustan especialmente los controles remotos, las llaves, los papeles para romper, nuestras ojotas (tu perdición), mi reloj y especialmente nuestros celulares. Pero ese día yo estaba en el sillón. Te estaba mirando mientras escuchaba la radio. Te paraste cuidadosamente, miraste alrededor y empezaste a mover una de tus piernas hacia adelante. De repente, un paso. Y otro. Y yo te vi, vi ese empeño, vi esa seguridad y comencé a gritar “¡¡¡MUY BIEN!!!”. Creo que te asusté porque en ese instante volviste al piso y me miraste con cara de asustada. No pude controlar mi emoción como cuando naciste. Te pido disculpas pero te vi que podías, que podemos. Te vi con más libertad, te vi con más equilibrio. Te vi y estabas hermosa subyugando la gravedad.

Ahí, aquí, hoy. Si, hoy. Hoy completaste tu primera vuelta al Sol.

Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. kunik@fibertel.com.ar says:

    Martn Muy conmovedora tu descripcin como siempre. Esperamos que los tres sigan disfrutando de momentos tan felices. Carios para todos Nosotros

    _____

  2. Ay qué cosita más bella esa bebe! Felicitaciones al padre enamorado hasta el tuétano, y feliz cumpleaños -de padre- a vos también 🙂

  3. Julio Virkel says:

    Excelente relato de un padre que adora a su hija y la disfruta a pleno te felicito

  4. Anónimo says:

    Contagia emoción tu relato. De la primera vuelta al sol de Ale compartimos solamente el ultimo mes, pero valio por doce…y lo disfrutamos acelerada e intensamente, con la misma felicidad que ustedes. Es la felicidad de saber que es desde ahora y para siempre. 😉

  5. Jacqueline GARBER says:

    Q bellas palabras. Lo q puede lograr Luciana es increíble.

  6. Anónimo says:

    Me hiciste emocionar!!!!!!! Lindisimo!!! casi tanto como Luciana!!

  7. Cristina says:

    Muy linda y vívido tu relato, no hay duda que esta nenita tiene un papá de primera! Felicitaciones, Martín

  8. Muy bonito… Enhorabuena y un saludo.

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