¿Qué le vas a hacer macho?


Ilustración: Juan Manuel Castro - Ilustrador: Juan Manuel Castro - http://juancastroo.blogspot.com.ar/

Ilustración: Juan Manuel Castro – http://juancastroo.blogspot.com.ar/

Te quedás pensando que antes se pedía “un cappuccino” a secas y ahora “Un cinnamon cappuccino-alto-con-leche-descremada-mi-nombre-es-Sebastián” y te contestan “Ok, Sebas, ¿algo más?”, mientras el marcador raya el vaso. Starbucks, la nueva sensación, el sueño americano en suelo criollo, de Seattle a Bouchard y Viamonte. Te veo esperar el vaso, te fastidia un poco la verborragia de esa adolescente que habla a los gritos y no deja ni hablar a sus amigas. “Tipo que, tipo que, tipo que, ¿me entendés? boluda” Por fin te habilitan el cappuccino, agarrás ese pedazo de cartón circular para no quemarte las manos y ojeás en qué sillón te podés sentar. Ahí vas, el sensor indica que es mejor aquel, el que está lejos de esa mesa con un grupo de estudiantes que lo que menos van a hacer es ese trabajo práctico. Te sentás al lado del ventanal y recién ahí te das cuenta que en frente hay un telo con el nunca bien ponderado cartel indicativo “albergue transitorio” y hasta te resulta pintoresco que la numeración del establecimiento sea el 666. “Mirá hasta dónde mete la cola el diablo”, pensás dandote cuenta del chiste malo. Sacás tu laptop de la mochila y mientras se prende tomás un sorbo de ese cappuccino bien caliente con gusto a tapa de plástico.

“¿Me puedo sentar?”, te pregunta una voz femenina y sin perder la atención a la pantalla decís que sí. Tu instinto siempre fue malo y te sentís un gil cuando, varios minutos después del chequeo de Facebook, te das cuenta que frente a vos está ella. Pelo negro, piel bien blanca y labios bien finos. Las piernas cruzadas con ese invento posmoderno, ese grito de la moda que tanto te calienta y tanto festejás: la calza con botas. Ella mira su celular y sus ojos claros se iluminan con el reflejo de la pantalla. Y ahí estás pensando en cómo retomar la conversación sin darte cuenta que nunca hubo conversación. Te veo, no tenés la menor idea de cómo arrancar y te sentís el pelotudo más importante de la cuadra. Pasan los segundos, y en cada uno de ellos se te ocurren varias alternativas desde preguntarle su nombre, pasando por el trillado “creo que te conozco, ¿vos no sos…?” hasta el posible desbarranque de enseñarle lo que hay enfrente. Te veo y no sabés qué hacer, ella no aparta su cara del celular y vos te quedaste perplejo sin el argumento, sin el chamuyo ganador. Vos y tu circunstancia, ella y lo buena que está. Tu corazón late cada vez más rápido cuando percibís que estás decidido a dar el zarpazo, te llega a la mente el chiste preciso, el chiste que no falla y ya sabés qué cara poner para que sea bien recibido. En ese momento, te acomodás en el asiento, apartás la computadora y te aprestás al tiroteo. Ahí vamos, si no sos vos quién flaco, si no es ahora cuándo perejil.

En ese instante, el celular suena y ella contesta al toque. Vos te desinflás un poco pero esperás con sigilo mientras escuchás el latido de tu corazón que, desesperado, aúlla para que la acción explote. Sos como un león agazapado, sos el depredador convencido, sos Romeo y ella es Julieta, sos el que escribe el destino. Ella se ríe con la conversación telefónica y dice “¿te parece?” A vos te re parece, no sabés de qué se trata pero te recontra parece mientras tu cara parece el producto de una hipnosis de TuSam. “Bueno, dale, besitos” le dice. Corta, te mira brevemente sonriendo, se para y se va tirando su vaso en el tacho. Y ahí estás flaco, te quedaste mudo y sin reacción. Te quedaste sin nafta en la vuelta final. Te quedaste solo como Mario Markic en el camino. Ella, sus calzas y sus botas se fueron y vos, tu corazón y chamuyo se quedaron. La adrenalina se disipa y tu ego se cae al piso. Mientras mirás tus zapatos tu estima se va reacomodando, “bueno, minas como estás hay miles.” Tu mirada se posa en el ventanal y la ves cruzar la calle, uno con pinta de motoquero se acerca de atrás, le tapa los ojos y cuando la suelta ella le sonríe. Se dan un beso, se abrazan y entran al 666 caminando. ¿Qué le vas a hacer macho?

Twitter: @martinkunik

Twitter: @mjuancastro (ilustrador)

 

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