El antikirchnerismo zapallo y la hora de los tibios


AP Photo/ Tom Stromme

AP Photo/ Tom Stromme

Me aburre el relato K, de hecho creo que es la versión tragicómica del slogan sesentista “la imaginación al poder”. Porque la imaginación sirve para construir nuevos mundos, nuevos rumbos y surcar la historia con innovaciones. Pero el kirchnerismo la usa para delirar y al delirio solo lo para de frente una pared: la realidad.

Pero, a su vez, encontré en una parte del antikirchnerismo una especie, a primera vista, risueña, sarcástica e irreverente. Sin embargo, a lo largo del tiempo sus pilares conceptuales me hicieron prender la luz roja de alerta cuando te paran y te dice “no hay término medio, o estás con el kirchnerismo o estás en contra”. No hay mucho espacio para hacer un análisis exhaustivo de este tipo de antikirchnerismo pero en lo que queda de espacio delinearemos algunas características. En principio, denominaremos esta vertiente de pensamiento como el antikirchnerismo zapallo (término hurtado descaradamente de algún tuitero no K).

En primer lugar, el antikirchnerismo zapallo asume que antes de opinar uno debe presentar la credencial de antikirchnerista. ¿Cómo? Como mínimo tenés que afirmar que el actual gobierno es fascista por definición y que esto no da para más. Hay que denunciar “frontalmente” y sin concesiones a la vocación totalitaria del kirchnerismo y punto, sino sos un gil. Podés estar de acuerdo o no en relación a esa afirmación pero si llega a haber algún atisbo de reconocimiento en relación a alguna política que el kirchnerismo haya implementado (sea la AUH, la tarjeta SUBE u otra iniciativa) automáticamente vas a ser estigmatizado por el antikirchnerismo zapallo como portador del pensamiento “banana”, de ser un tibio o un colaboracionista (en Twitter algunos usan la palabra “judenrat”).

Por otra parte, el antikirchnerismo zapallo es mesiánico. Esta vertiente anti K piensa que volvió del futuro para avivar a la gilada -nosotros, los no kirchneristas- de las amenazas de un gobierno sofocante y fuera de control. Supuestamente, nosotros (repito: la gilada) no somos los suficientemente conscientes de lo preocupante de la situación que estamos viviendo bajo el régimen de ocupación kirchnerista. Somos una especie de zombies pasivos que al tratar de hacer nuestra vida lo mejor posible estamos dejando de escuchar las premoniciones desastrosas que nos esperan. En síntesis, somos unos pobres boludos funcionales al kirchnerismo sin darnos cuenta.

En tercer lugar, el antikirchnerismo zapallo, muy popular en las redes sociales, confunde sarcasmo y subversión con la ofensa lisa y llana. Subvertir el lenguaje para ser innovador o utilizar la ironía mordaz para transmitir lo ridículo de una contradicción no va necesariamente de la mano con el insulto gratuito al que no piensa exactamente igual en relación al gobierno actual. Al antikirchnerismo zapallo le encanta los exabruptos ya que piensa que este medio es la mejor manera de defenderse de los presuntos colaboracionistas.

Por último, el antikirchnerismo zapallo confunde los matices con neutralidad y pasividad. Desde mi punto de vista, una persona puede pensar que este gobierno es una bosta pero no por eso dejar de reconocer ciertos aciertos. Aquí no hay neutralidad, el gobierno kirchnerista tuvo una administración del Estado aberrante pero de vez en cuando metió algún gol o supo leer las preferencias de la población en determinado momento. Si no fuera así sería imposible sobrevivir en el gobierno durante más de una década. Por otra parte, en la Argentina actual hay millones de personas –especialmente jóvenes- que no les importa un ápice el día a día de la política nacional a pesar de lo que diga el relato K. Esas personas cuando hay algo que no les gusta salen a manifestarse en contra de los abusos del poder político, no hay pasividad, es gente que quiere vivir la vida lo mejor posible y están silenciosamente alerta.

 En conclusión, en un contexto donde se percibe (o se desea) el fin de una época me pregunto: ¿no estará llegando la hora de los “tibios”?

 Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. Leonardo says:

    Muy bueno. Desgraciadamente la tibieza, la ecuanimidad y la racionalidad, no tienen épica, y así se hace dificil ganar elecciones, como no sea en Suiza o Dinamarca.

  2. Sin querer sonar K zapallo, a veces es difícil moderar una crítica viceral contra el modelo y sus desopilantes protagonistas. No siempre es fácil mantener la tempratura en tibio…

  3. Jorge Arbusto says:

    los tibios no votan, les dicen que votar, y asi nos fue y les va

  4. La moderación está bien vista por la sociedad, ver el resultado de las últimas elecciones donde los antiK ‘zapallos’ fueron castigados y se premió a tipos como Binner.

    El problema para mí es que los tibios no saben administrar, especialmente en un país como Argentina donde te descuidas y te pasan por encima. De la Rúa era un tibio y a la Alianza se la vendió como algo superador, equilibrado.

    El consenso está sobrevalorado, no porque este mal en sí, sino porque lo usan hipocritamente ciertos sectores de poder arcaicos para imponer su propia agenda. Alguien recuerda la tapa de Noticias de esa época de ‘consensos’.

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