Tres contradicciones K ante el #8N


NIK - Diario LA NACION, 14 de noviembre de 2012

NIK – Diario LA NACION, 14 de noviembre de 2012

El 8N dejó una cuña en el relato y en la gestión kirchnerista. La negación de este hecho es prácticamente un suicidio político en el mediano plazo. Paso a desmenuzar tres contradicciones que dejan al desnudo la brecha entre realidad y relato. Estas contradicciones ponen en jaque el devenir kirchnerista para un amplio y heterogéneo sector de la población que trasciende clases sociales e ideologías políticas.

 1) La comunicación directa

El más evidente fracaso que le propinó el 8N al gobierno es la idea que con la comunicación directa, por fuera de los medios “hegemónicos”, se podía establecer una relación de mutua confianza con la población. Sin embargo, la comunicación directa le generó la manifestación popular más importante en su contra. El origen del 8N es, en gran parte, producto de la comunicación directa a través de las redes sociales. Así como estuvo ocurriendo en países del Medio Oriente, Africa y Europa, el 8N se configuró a través de un boca a boca virtual que espiralizó el mensaje y trascendió la virtualidad para hacer fáctica la movilización.

La interpretación pseudo foquista/gramsciana de la realidad por parte del elenco gubernamental encuentra aquí uno de las contradicciones más dolorosas en tiempos donde la expectativa está puesta en el 7D y lo que fuera ocurrir con el grupo Clarín. Dada la magnitud, heterogeneidad y falta de liderazgo de la movilización del 8N, cualquier acusación sobre un poder hegemónico azuzando a las masas a ocupar la calle para desestabilizar un gobierno democrático resulta, por lo menos, ridículo.

 2) Volvió la política

Uno de los argumentos más popularizados del relato kirchnerista es que a partir de 2003 la economía se supeditó a la política. Esta creencia se basa en una supuesta subordinación de la política a la economía a lo largo de la popularmente denostada década del ’90. Dentro de este marco conceptual, el kirchnerismo interpreta las manifestaciones del 13S y 8N como una manifestación sin un mensaje claro, sin política. Una manera de minimizarlo. En otras palabras, el kirchnerismo se interpreta a si mismo como unido y organizado, con una ideología clara, mientras ve al campo no kirchnerista, por más mayoritario que sea, como una bolsa de gatos que no sabe lo que quiere.

Para demostrar la segunda contradicción me permito una digresión. En español no hay una diferencia como ocurre en el inglés entre politics y policy. Entre política –como configuración de poder- y políticas –políticas públicas que se ocupen de solucionar los problemas sociales-. Ahí está la confusión del kirchnerismo. La gente que se movilizó el 13S y el 8N tienen un mensaje claro: quieren políticas publicas de calidad después de una década de crecimiento económico histórico y una configuración de poder balanceada. Quiere política y políticas.

El origen del kirchnerismo estuvo muy vinculado a como se reconfiguraba el poder en un contexto de falta de autoridad después de una crisis. Bueno, ya pasaron los tiempos del 2001, ahora un sector importante de la población quiere políticas públicas de calidad para poder viajar bien a su trabajo, ahorrar con sus salarios o vivir en un ambiente seguro. Así, este sector de la población ve que la baja calidad de políticas está correlacionada con la concentración de la política. La síntesis de la reflexión sería: “Si, volvió la política. Pero ¿para qué?”

3) La protesta y la calle

La tercera contradicción es la más evidente. Desde finales de la década de los ’90 la protesta social se focalizó en bloquear calles, rutas y hasta llegó a parar la salida de periódicos. El que “gana” la calle tiene un poder de negociación innegable. Durante el kirchnerismo esta clase de protesta se estandarizó como una forma de sublimar las frustraciones. Cualquier grupo, grande o pequeño, pudo y puede bloquear (salvo excepciones) cualquier acceso. Durante la crisis con el campo en 2008, el kirchnerismo, con una gran capacidad de movilización, logró dividir a la población en dos grandes campos contrapuestos que buscaban ganar la calle. A pesar de haber perdido con el “voto no positivo” el kirchnerismo logró llevar adelante la ley de medios con amplias movilizaciones y demostraciones de poder. El gran movilizador de manifestantes casi siempre fue el kirchnerismo que hizo creer a su militancia dueño y señor de la calle. Después del 8N esta creencia esta en duda. Además, si sumamos que el gobierno perdió gran parte de su columna vertebral (el sindicalismo) la situación es más que preocupante.

En conclusión, el 8N demostró que la comunicación directa le puede infligir al gobierno una gran movilización en contra, que los que se movilizaron portaron un mensaje claro (calidad de las políticas publicas y contra la concentración de poder), y por ultimo, que al kirchnerismo le coparon la parada, ya no es dueño de la calle. Sin dudas, se está olfateando cierto final de época pero al kirchnerismo no le gusta dar el brazo a torcer. Me pregunto, como lo haría un avezado comentarista de box: ¿Madura el knock out?

Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. La historia nos enseña que todo imperio termina cayendo…

  2. Buena nota. No hay que subestimar la capacidad de mantenerse en el poder al kirchnerismo. Madura el K.O.? No lo sé, maduraba cuando Néstor falleció. Todo puede pasar.

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