La irreverencia irrelevante


El poder de la gente

El poder de la gente

El kirchnerismo ha generado una gran división en la sociedad que no hay que minimizar. En cualquier ámbito social o familiar se escuchan entredichos y peleas sobre la cosmovisión de la política actual. Hasta los silencios incómodos en función de disipar el conflicto casero son parte del paisaje social y cultural argentino hoy. El conflicto se propaga por los medios de comunicación y las redes sociales no son la excepción. Twitter se ha convertido en un campo de batalla en 140 caracteres entre Ks y anti-Ks que produce y reproduce buenos debates como también insultos gratuitos. Pero si uno afina la visión y lectura puede encontrar dentro de los dos campos contrapuestos conflictos, peleas y desavenencias dentro de si mismos. Este fenómeno muestra que el conflicto es mucho más complejo que el enfrentamiento entre campos políticos enfrentados. Lo que hay, especialmente en el campo no K, son pequeñas facciones que se enfrentan contra el campo contrario y debaten en términos mas o menos furibundos con facciones de su campo de pertenencia.

Una de estas facciones está ganando muchos seguidores como consecuencia de la exposición mediática de varios de sus integrantes y por su discurso, a primera vista, irreverente contra el kirchnerismo. Algunos de sus integrantes son Gustavo Noriega (crítico de cine, periodista y editor de la revista “El Amante“), Fernando Iglesias (periodista y ex diputado nacional por la Coalición Cívica), Eduardo “Quintín” Antín (periodista e histórico crítico cultural) y Guillermo “Huili” Raffo (cineasta, escritor y editor del original blog “Los Trabajos Prácticos”).

Este grupo impregna la red social de tuits quirúrgicos que se encargan día a día de demostrar lo ridículo que es el discurso y accionar kirchnerista. El gran fuerte de este grupo es el uso de la ironía para demostrar lo antidemocrático y antirrepublicano que es la “epica” del gobierno kirchnerista y su falso relato de la historia reciente. Estos tuiteros se trenzan durante periodos del día contra militantes kirchneristas, leen minuciosamente y decodifican Página/12 y Tiempo Argentino para mofarse de las risueñas lógicas oficiales, y hacen retuits de amenazas o insultos gratuitos de sus interlocutores hacia ellos para demostrar la violencia verbal kirchnerista. Además de antikirchnerista el grupo tiene una impronta antiperonista. No hay que indagar mucho en la red, con solo divisar los flamígeros tuits de Iglesias o Noriega nos encontraremos que todos los males argentinos son producto del peronismo que propaga la corrupción por el universo.

Nada más simpático que los provocadores, nada más gracioso que lo irónico, nada más sofisticado que lo irreverente. Ahora bien, lo irreverente se torna irrelevante cuando ese desparpajo esgrime cierto halo McCarthysta. El problema no se suscita con el kirchnerismo sino con los antikirchneristas que piensan diferente que ese grupo. Es decir, hacen una especie de antikirchnerismo kircherista; ellos y solo ellos son dueños del discurso antikirchnerista más puro y duro. Los otros son unos pobres salames. “Otros” pueden ser cualquier ignoto tuitero o periodistas como Ernesto Tenembaum por expresar reconocimiento al kirchnerismo en determinadas políticas públicas implementadas, Jorge Fernández Díaz por tener un presunto discurso edulcorado desde las páginas de La Nación, María O’Donnell por hacer preguntas en radio o Twitter que no convienen ante un evento que demuestra la inoperancia K, Maristella Svampa por hacer malos análisis prospectivos o Beatriz Sarlo por el solo hecho de ser la intelectual anti-K más reconocida y utilizar un vocabulario que poco tiene que ver con la calle. En uno de sus últimos artículos semanales Raffo fue explícito, él conversa con “gente normal” y además se queja de los intelectuales arribistas que reproducen vocabulario universitario en los debates. El no se adapta al vocabulario analítico de la sociología, la ciencia política o la ciencia de la comunicación – por ejemplo, se mofa de términos como “clivaje” o “empoderamiento”- porque es un irreverente, pretende ser distinto. Sin embargo, así, por defecto, termina poniéndole una carga valorativa (e ideológica) a términos analíticos y neutros, tal como hacía el cazador de brujas McCarthy con las categorías del marxismo ya que eran “antinorteamericanas”. Es decir, utilizan la misma lógica que ejerce el kirchnerismo en su batalla cultural. Además, también por defecto, al minimizar y despreciar los términos analítico-universitarios tiende a defender lo que se suponía que ataca, el empobrecimiento del lenguaje que implica el empobrecimiento conceptual. En fin, en el mundo dividido por Ks y anti-Ks hay facciones que, a primera vista, son seductoras por su irreverencia. Pero a veces, la irreverencia comunicativa tiende a la irrelevancia conceptual.

Twitter: @martinkunik

Reacciones sobre este artículo de Raffo y Quintín en Twitter:

 

Anuncios

Comments

  1. Carlos Gutierrez says:

    el libro 1984 tiene un pasaje dedicado a la “neolengua” y dice que el camino es reducir el vocabulario lo suficiente para que las ideas solo giren en torno a unas cuantas palabras. entre menos posibilidades tenga el hombre de comunicarse y pensar menos problema será para la policía de conciencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: