Diario de viaje: California II (Frisco)


¡San Francisco!

¡San Francisco!

Octubre 9, 10 y 11, 2012

La casa de Pao estaba en Los Gatos y estábamos bastante cómodos. Creo que por eso y por el cansancio acumulado durante el viaje sobre ruedas salimos bastante tarde el primer día de exploración de San Francisco. La noche anterior con Jason nos habíamos aprovisionado en un supermercado “Safeway” de varios everything bagel y del cream cheese “Philadelfia” con los que desayunamos. Jason nos llevó ese día y el siguiente a la estación del California Train (CalTrain) que quedaba en San Jose. Nuestro viaje a San Francisco nos costaba 18 dolares cada uno. Era como un viaje de Tigre a Retiro, una hora. Los trenes tienen dos pisos e ibamos confortablemente sentados. No es de mi interés hacer una observación acerca del precio del pasaje y la calidad del servicio en relación a lo que pasa en Argentina. Pero debo decirle al lector que estuve tentado de hacerlo. En fin, yo iba leyendo el New Yorker o escribiendo este diario.

El CalTrain desde adentro

El CalTrain desde adentro

El primer día caminamos por Market St. hasta Embarcadero un puerto que fue revitalizado arquitectónicamente a fines del siglo pasado y da la cara a la bahía. Todo un símbolo de San Francisco.

Cata frente a Embarcadero, San Francisco

Cata frente a Embarcadero, San Francisco

Embarcadero, San Francisco. Mirando la bahía.

Cuando salimos queríamos ir con Cata hacia la zona del City Hall (la alcaldía) pero tomamos un tranvía hacia el lado contrario. Descubrimos que con solo dos dólares te podías mover en tranvía, trolebús, colectivo y subte por toda la ciudad y dentro de la hora y media posterior a comprar el boleto podías hacer las transferencias entre modos de transporte que uno quisiera. El éxtasis del usuario de transporte público…¡el súmmun de la planificación urbana!…Pero también descubrimos que si no tenés cambio exacto la maquina expendedora de boletos se queda con el vuelto…shit! Nos bajamos en el muelle 39 que está acondicionado para el turismo y para aquellos que quieren buenos restaurantes. Después de apreciar nuevamente la bahía y algunos lobos marinos nos fuimos caminando hasta el Fisherman Wharf (el muelle de los pescadores) lleno de puestos que vendían pescados y mariscos. Seguimos unas cuadras y había otro muelle con barcos históricos, decidimos descansar un poco y volvimos en tranvía con el mismo boleto hasta el City Hall.

Pier 39, San Francisco

Sabella y Dieguito Latorre tienen un puesto en el Fisherman Wharf!!! :-)

Sabella y Dieguito Latorre tienen un puesto en el Fisherman Wharf!!! 🙂

En la parada donde nos bajábamos se estaba por bajar un americano muy bien vestido antes que nosotros. Cuando abrieron las puertas aparecieron de sorpresa dos policías de tránsito pidiendo los boletos. La persona que bajaba ya tenía un pie en los escalones y al ver a los agentes comenzó a retroceder y a ocultarse dentro del tranvía. Los agentes se lanzaron a perseguirlo dentro de la unidad y el maquinista paró hasta que al infractor le cobraron la multa correspondiente.

Tranvía por dentro, San Francisco.

Tranvía por dentro, San Francisco.

El mismo tranvía parado en Market St. debido a un colado.

El mismo tranvía parado en Market St. debido a un colado.

Este hecho era el segundo del día que veíamos ya que en el CalTrain un asiático que no tenía su boleto quiso hacerse el que no entendía y fue bajado de la formación a varias millas de San Francisco. Sigo con muchas ganas de comparar con lo que pasa en mi país…dejémoslo ahí… Recorrimos la zona del City Hall y la plaza de las Naciones Unidas donde hay una gran estatua de un tal Simón Bolivar.

City Hall, la alcaldía de San Francisco.

City Hall, la alcaldía de San Francisco.

Cuando volvíamos por Market St. notamos que a esa hora de la tarde en determinadas cuadras, el ambiente no era el mejor. Cata me había manifestado que estaba cansada pero al llegar al almacen de ropa de Forever XXI el cansancio desapareció en un santiamén…Al día siguiente, con la logística mucho más afinada, llegamos a San Francisco y un chico salvadoreño nos indicó donde estaba la parada del colectivo que buscabamos para atravesar la ciudad y llegar lo más próximos posible al Golden Gate Bridge, “el puente que durará por siempre”. En el trayecto, el bus nos permitió ver cuan extenso es el chinatown más grande fuera de Pekín…impresionante. Llegamos al barrio La Marina, un lugar donde las casas cuestan varias decenas de millones de dólares pero que están sobre uno de los suelos con mayor riesgo sísmico del mundo. Recorrimos el monumento a las bellas artes, un lugar precioso, y nos fuimos a ver el Golden Gate Bridge sentados frente a la costa comiendo unos sándwiches deliciosos.

Monumento a las Bellas Artes. La Marina, San Francisco

Monumento a las Bellas Artes. La Marina, San Francisco

Golden Gate Bridge desde la costa.

Golden Gate Bridge desde la costa.

Ahí Cata comenzó a darse cuenta  del por qué es tan famosa la frase del escritor Mark Twain: “el invierno más frío que he pasado fue un verano en San Francisco”. En esa ciudad uno puede caminar con una camiseta una cuadra, pero al doblar la esquina aparece un frío que te congela y te obliga a usar el abrigo que traes en la cintura. Así son las bahías. Ver el puente es una maravilla, yo lo había cruzado caminando en 2007 y me trajo muy buenos recuerdos. Estaba muy contento de poder compartir este viaje con Catalina y verla contenta. Se le notaba que la ciudad la había asombrado por su eclecticismo paisajistico y su belleza arquitectónica. Un inglés se acercó y se ofreció tomarnos una foto con nuestra camara. Mientras nos veía por la pantalla, con su acento y su humor irónico, nos preguntó “¿tiene que salír el puente?”… Mientras salíamos del área de la costa comenzamos a sentir el calor de nuevo, nos subimos a otro trolebús y nos fuimos a la cuna del movimiento hippie, el barrio Haight-Ashbury. Todavía hay personas que caminan por ese barrio vestidos de hippies, caminando como hippies, fumando como hippies y apestando como hippies. Las casas victorianas de todos colores generan un arco iris que dista de ser hippie, quizás son unas de las casas de multimillonarios que se bañan todas las mañanas y noches.

Barrio Haight-Ashbury

Barrio Haight-Ashbury

Caminamos la calle Haight y pasamos por la vidriera de un negocio que vendía todos sobre cannabis. Catalina estaba cansada pero con ganas y esfuerzo logramos subir la colina del parque Buena Vista donde hay una cancha de tenis con la mejor vista de toda la ciudad. Bajamos y volvimos a caminar la calle Haight hasta el parque central llamado también Golden Gate. El parque es gigantesco pero decidimos solo utilizar sus baños y volvernos a Los Gatos. A la vuelta hicimos una pasada rápida por Union Square, un parque que está rodiado por las tiendas de ropa más caras. Sólo miramos. Habíamos quedado que Pao iba a cocinar una comida típica colombiana, “pollo sudado” (según Pao en inglés debería ser “sweated chicken” pero yo no confiaría tanto en esa traducción literal…).

Al día siguiente Jason tenía que ir hasta Berkeley y como nosotros habíamos quedado en encontrarnos con una amiga colombiana (Mariana Torres) ahí, aceptamos el aventón. Creo que ese fue el día más frío y nublado de todos. Junto a Jason almorzamos comida mediterranea y dimos una vuelta por Berkeley y el campus de la universidad. Subimos a la torre de la universidad y una de las campanas que pesan varias toneladas sonó literalmente arriba de mi cabeza y la de Cata, contar el cagazo que nos pegamos es absolutamente en vano.

University of California, Berkeley.

University of California, Berkeley.

Jason se volvió a Los Gatos, nos despedimos de él porque ya no lo ibamos a ver. El tenía que volver a Delaware. Nosotros tomamos el BART (un tren electrico rápido) para ir a San Francisco nuevamente. Esta vez el objetivo era el barrio gay (el Castro) y el latino (La Misión). Dimos una vuelta por el Castro y entramos en lo que alguna vez fue el local de venta de productos para camaras de fotos de Harvey Milk. Hoy ese local vende diferentes productos (camisetas, muñecos, prendedores, ornamentos) cuyos fondos van a la campaña por los derechos de las minorias. Una de las camisetas que me sacó una sonrisa fue aquella cuyo estampado decía “marriage is so gay” (el matrimonio es tan gay).

Estación del Metro de El Castro con bandera gay.

Estación del Metro de El Castro con bandera gay.

Teatro de El Castro, San Francisco.

Teatro de El Castro, San Francisco.

Del Castro caminamos bajo el rocío hasta La Misión donde la atracción son los murales de los artistas callejeros. Vimos solo algunos en un callejón y le pedimos a un pintor si le podíamos tomar una foto mientras trabajaba. De muy mala gana nos dijo que si.

Murales en La Misión

Murales en La Misión

Murales en La Misión 2

Murales en La Misión 2

Murales en La Misión 3

Murales en La Misión 3

Murales en La Misión 4

Murales en La Misión 4

Después de un cafe y de un vecino de mesa que llevaba una rata en su morral (no era un hamster según su propietario!) tomamos nuevamente el BART hasta Berkeley donde nos encontramos con Mariana. Esa noche comimos en un restaurante mediterraneo donde la comida era deliciosa. Dormimos en lo de Mariana “Towers”, estabamos exhaustos.

Octubre 12, 13 y 14, 2012

Mariana nos preparó el desayuno y nos lanzamos al día de mayor actividad turística. “Ms. Towers” resultó ser una de las más prolíficas guías turísticas que tuve en mi vida. Partimos a los viñedos de Russian River Valley (el valle del río ruso). La decisión de ir a este valle se basó en que no está tan “contaminado” de turismo como el de  Napa. La elección fue la correcta. Primero paramos en un almacén que lo mantienen como si fuera del siglo XIX para comprar pan, quesos y frutas. Después decidimos ir a dos viñedos a poner en funcionamiento nuestro sofisticado sentido del gusto. Primero llegamos al mas que classy viñedo Ferrari-Carano donde probamos varios vinos y disfrutamos del jardín lleno de flores coloridas. Un lugar simplemente espectacular y sofisticado como nosotros…

Los jardines del viñedo Ferrari-Carano

Los jardines del viñedo Ferrari-Carano

Después fuimos al viñedo Bella donde hicimos el pic-nic. Bella tiene una cava donde todas las personas pueden visitar rodeado de barriles y copas, y conserva un ambiente de “viñedo boutique” (sofisticado pero casual…como nosotros…).

Pic-nic en el viñedo Bella, Russian River Valley

Pic-nic en el viñedo Bella, Russian River Valley

Cava del viñedo Bella

Cava del viñedo Bella

Cuando volvíamos hacia San Francisco Mariana nos llevó a Sauzalito, la localidad que está del otro del Golden Gate Bridge. Un lugar donde había estado de muy chico y no me lo acordaba. Las casas imponentes no paraban de mostrarse mientras subiamos las pendientes de las calles de Sauzalito. En un garage en pendiente paramos y tomamos varias fotos por sobre los techos de las casas con vista a la bahía y San Francisco.

Foto de San Francisco desde un garage empinado en Sauzalito

Foto de San Francisco desde un garage empinado en Sauzalito

Seguimos tomando fotos chic en el centro de Sauzalito que tiene una impronta muy elegante. Había muchas casas que vendían ornamentos de arte donde vimos varios cuadros de artistas sumamente talentosos. Tomamos el auto nuevamente y Mariana nos llevó a ver el Golden Gate Bridge desde cerca, desde abajo y desde arriba. Todos los perfiles del puente quedaron registrados por nuestras camaras mientras el sol se iba escondiendo detrás de la bahía.

Impresionado ante magnanima obra de ingeniería

Impresionado ante magnanima obra de ingeniería

Mariana no se cansaba y encontró las vista que buscaba, hay un mirador detrás de una colina que se puede ver el puente desde arriba. Las luces blancas y rojas pasaban por el puente, el frío era intenso pero nosotros no nos queríamos ir de apreciar esa vista.

El atardecer en San Francisco y el Golden Gate Bridge

El atardecer en San Francisco y el Golden Gate Bridge

Mariana y Cata - Una de las mejores vistas del Golden Gate Bridge

Mariana y Cata – Una de las mejores vistas del Golden Gate Bridge

Cruzamos el puente con el auto y después que Mariana no nos creía nuestras indicaciones en varias oportunidades, llegamos a zona donde Lombard st. se hace empinada y ondulante. La noche terminó en un restaurante italiano llamado Luisa’s, donde los periódicos de época colgados en la pared mostraban a la dueña (Luisa) en sus años mozos muy parecida a Jackie Kennedy. En la actualidad, Luisa pasa por las mesas, hace unos comentarios y se va. Los años habían pasado para ella, la noche estaba a pleno.

Habíamos quedado con Cata dormir bastante. Mariana a la mañana tenía una clase de natación, cuando volvió nos fuimos con ella y su compañero de vivienda, Siddharth, a un diner en Oakland, a unas pocas cuadras de Berkeley. Un diner es una cafetería de estilo americano donde se suele desayunar o comer hamburguesas. Me encantán los diners, ya habíamos ido con Pao y Jason en Ocean Beach y creo que si tuviera el dinero lo haría todas las mañanas de mi vida…

Diner en Oakland

Diner en Oakland

De ahí, solo hubo tiempo de llegar nuevamente a lo de Mariana, agarrar nuestras valijas, mirar Berkeley desde una loma cercana a los jardines botánicos y tomarnos el BART a San Francisco. Habíamos quedado vernos con dos amigos míos americanos que fueron mis compañeros de la maestría que cursé en Carolina del Norte. Debido a un descuido mío tomamos el BART hacia el lado contrario y terminamos en Richmond, Oakland. Sin embargo, una vez que llegamos con el BART a San Francisco nos encontramos con uno de mis amigos, Michael Schwartz, en la estación del subte que debíamos tomar para llegar a la casa de Corey Teague. Corey y su esposa Beth se habían mudado a un barrio muy cercano al Haigth-Ashbury. Tienen una beba de dos años que se llama Lucy Rose que es puro carisma. Lucy nos hizo jugar haciendo rondas con ella.

Michael, Lucy y yo

Michael, Lucy y yo

Habla a la perfección para su edad, tiene una motricidad impresionante y es pura alegría. Michael, Cata y yo estabamos encantados con la niña. Una vez que llegó a babysitter, Beth nos llevó a un restaurante indio que quedaba el La Misión. Comimos muchisimo pollo, carne, verduras y arroz. Todo bien picante. El restaurante era espectacular y me sorprendía que estuviera absolutamente sobrepoblado de gente.

Corey, Cata y Michael en DOSA, un restaurante indio buenisimo en La Mision

Corey, Cata y Michael en DOSA, un restaurante indio buenisimo en La Mision

En esa cena le pregunté a los muchachos como estaba el area de San Francisco en relación a los puestos de empleo, demostrandole mi preocupación por la crisis en Estados Unidos. Para mi sorpresa, tanto Corey como Michael me dijeron que el área de la bahía estaba más que bien. Al parecer, las empresas de tecnología eran el motor del área, hay empleo y mucha gente se quiere mudar a esos pagos. Cuando terminó la cena, Cata y Beth se fueron a dormir y yo me fui con los muchachos a por unas cervezas para hablar sobre viejos compañeros de maestría, empleo, dinero, salud y familia. Para ponernos al día. Realmente me hizo muy bien saber que conservo gente amiga de la epoca de Chapel Hill. Se hizo tarde y a Michael se le terminaba el horario del transporte público para volver a Oakland. Mientras volvía con Corey a su casa le pregunté si mas allá del trabajo y los quehaceres domésticos el lograba disfrutar de San Francisco. La respuesta fue contundente: “Absolutely man!” A la mañana siguiente Lucy nos despertó ya que Cata y yo estabamos durmiendo en su cuarto. Nos despertamos de buen tino, Lucy es extraordinaria. Dimos unas vueltas con Corey por el vecindario probando el carrito “City Mini ” de Lucy quien llevaba unos anteojos de sol llenos de ternura. Cuando volvimos a la casa, Beth nos estaba esperando con el brunch.

Beth, Corey y Lucy

Beth, Corey y Lucy

Fue ahí que sentí nuevamente que estabamos viviendo el sueño americano… Pumkin bread (pan de calabaza) y quiche de huevo con queso y panceta. Con Cata comimos hasta morir. Beth es una gran cocinera, fue uno de los mejores brunch de mi vida.

Corey nos llevó al CalTrain, le agradecimos su hospedaje y prometimos vernos pronto. La última parada de nuestra ronda de amigos era en Palo Alto donde nos esperaban Agustina Paglayan, Martin Huici (dos amigos de la epoca de Washington) y Pao Murcia que más tarde nos llevaría a Los Gatos. Almorzamos todos juntos en un restaurante mediterraneo en el centro University Ave. poniendonos al día. Agustina está estudiando en Stanford un doctorado en educación y Martín, su pareja, esta trabajando para una ONG. De ahí partimos hasta Stanford University que, si no me equivoco, tiene uno de los campus mas preciosos de Estados Unidos. El sitio está lleno de verde y la arquitectura tiene cierta reminicencia a las misiones jesuiticas californianas. Un lugar digno de visitar.

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Stanford University, Palo Alto, CA

Así como hicimos en Berkeley, en Stanford subimos a su torre y pudimos apreciar en la altura la inmensidad del campus. Envidiable estudiar ahí. Martín y, especialmente, Agustina se transformaron en los guías de nuestra visita a Stanford a lo largo de un atardecer super soleado. Después de un café y tostadas con dulce y nutela nos despedimos de ellos y partimos hacia downtown Los Gatos. Pao nos mostró el centro del pueblo donde vive que no tiene nada que envidiarle a muchos lugares con cierta sofisticación tanto culinaria como de consumo masivo. Había desde galerías de arte, un Apple Store y tiendas de ropa de marca. Al otro día partiriamos  en avión nuevamente a San Diego, parada final antes de volver a Buenos Aires.

Octubre 15, 16 y 17, 2012

En San Diego nos quedamos haciendo house sitting (cuidando la casa) de Vanessa y Aaron. Durante esos días nos dedicamos a hacer compras para nuestra esperada visita de febrero. Fueron dos días y medio donde nos repartimos entre compras a la mañana y paseo de tarde. El día 16 a la tarde visitamos la primera misión jesuítica en California y después el Crystal Pier (el muelle de cristal) en Pacific Beach. Este es un muelle que cuando uno entra hay cabañas que se alquilan. ¡Si! ¡Sobre el muelle! La playa tiene una costanera donde se ve gente corriendo, patinando, andando en bicicleta, andando en skate y disfrutando de la vida. Porque San Diego expresa eso, disfrutar de la vida. Fantástico.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Primera misión jesuitica en California, San Diego.

Crystal Pier (Muelle de cristal), Pacific Beach, San Diego.

Crystal Pier (Muelle de cristal), Pacific Beach, San Diego.

Crystal Pier (Muelle de cristal), Pacific Beach, San Diego.

Crystal Pier (Muelle de cristal), Pacific Beach, San Diego.

Durante el mediodía siguiente nos fuimos a Old Town donde devoré mi último burrito en una cantina mexicana e hicimos un repaso de la historia de San Diego, las artesanías mexicanas y los preparativos para el día de los muertos.

Old Town, San Diego. Artesanías para el Día de los Muertos.

Old Town, San Diego. Artesanías para el Día de los Muertos.

Old Town, San Diego, casa de artesanías mexicanas.

Old Town, San Diego, casa de artesanías mexicanas.

De ahí nos fuimos a La Jolla, una localidad donde todo es perfecto. Yo no podía creer que había edificios de negocios financieros frente al mar. Si, hay gente que trabaja especulando con el dinero frente a una playa. En ese lugar se pueden apreciar los acantilados y una gran cantidad de aves como gaviotas y pelícanos. No divisé ningún “seagoat”…También se podían ver lobos marinos en la playa.

La Jolla y yo.

La Jolla y yo.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

La Jolla, San Diego.

Con Catalina bajamos a la playa y nos quedamos frente al mar unos buenos minutos, era el enésimo atardecer que disfrutabamos a pleno. Cuando nos ibamos, nos tomamos un helado en Cold Stone. Este lugar te permite mezclar gustos. El heladero te da varias combinaciones y después el las mezcla sobre una piedra helada. ¡De-li-cio-so! Dimos una última vuelta por el centro de La Jolla tratando de hacer una de las últimas compras y nos volvimos (nos perdimos pero después le agarramos la mano). En el camino cenamos en Panera una ensalada. Habían sido varias calorías las que habíamos ingerido con el helado.

Octubre 18 y 19, 2012

Cuando uno se va a dormir sabiendo que tiene un vuelo temprano no se puede dormir a pesar que uno tenga todo listo. Nos despertamos a las 6am y el Supershuttle nos pasó a buscar a las 7am. El chofer eslovaco, con más de 25 años en San Diego, nos preguntó “what’s wrong with San Diego? ” (por qué nos volvíamos, que estaba mal en San Diego para volvernos). Nada hermano, nada. Ninguno de los dos nos queríamos volver…

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