Inesperado


Automat ~ Edward Hopper (1927)Florencia está por cumplir treinta y eso la fastidia. Antes le encantaba celebrar su cumpleaños, juntaba a sus amigas y salían hasta el amanecer. Pero ese tiempo ya pasó, sus amigas o están casadas o de novias o viven en el exterior. Florencia quiere un novio entre tanto boludo dando vueltas. Nunca se pensó como una Susanita pero está cansada de sentir la soledad de ir a las fiestas de casamiento sin acompañante. Tuvo un par de relaciones duraderas pero no funcionaron…Uno era simpático, un hippie pachuliento que había conocido en un festival veraniego de música. La hacía reír muchísimo pero no iba a ningún lado. El flaquito no tenía ningún interés que ella admirara. Llegó un momento que la parsimonia se volvió insoportable. Se fueron dejando mutuamente sin aviso y sin dolor. El otro era un adicto a los deportes. Un metrosexual consumado que no encajaba ni un ápice con su grupo de amigos. “Era guapo” dice su amiga española y ella contesta sin dudar “pero aburrido.” Todo lo contrario al anterior. Cuando el aburrimiento llegó a su máximo esplendor ella tomó la decisión de hablar con él y terminar.

Los fines de semana, Florencia se la pasa escuchando música y cuando suena El pibe de los astilleros se le dibuja una sonrisa que emana cierta tristeza cuando aparece la estrofa que dice “las minitas aman los payasos y la pasta del campeón…”

Está un poco harta del afán celestino de sus amigas y los candidatos que traen sus esposos. La última cita a ciegas fue entre humillante y sarcástica. Se encontraron en un restaurante, se saludaron, pero el chico era tan tímido que no levantaba su mirada. En un punto la situación le colmó la paciencia, se levantó diciendo que iba al baño y se fue dejando al temeroso pretendiente en la mesa. Afuera pidió un taxi y cuando el chofer le preguntó a dónde quería ir ella no sabía que decir. La angustia no la dejaba pensar. No se sentía con ganas de volver a su departamento pero tampoco tenía la opción de ir a lo de una amiga. Optó por la heladería de Salguero que estaba a una cuadra de lo de sus padres y siempre estaba llena de gente. Por lo menos compartiría su soledad con algunos desconocidos. Pidió un café y se sentó en una mesa digiriendo la bronca de la peor cita en la historia del genero femenino. Siguió cavilando y pensando qué cosa hacía mal. Cuál era el problema con ella. “¿No será que mi destino es la soledad? ¿Destino? ¿De que estoy hablando?” pensaba mientras sostenía su cabeza con su mano derecha y sus labios se fruncían. “No será que me tengo que hacer monja de clausura?” sonreía con congoja. Aplicó varios sorbos al café y cuando estaba a punto de soltar el pocillo para pararse e irse vio que una mano sostenía la silla que estaba frente suyo. Levantó la vista y dos ojos verdes la miraban. Escuchó: “Disculpame, ¿te puedo acompañar?”

Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. Los 30 no son fáciles, pero como vos relatás, traen algo escondido…
    =)

  2. andrea piñeres vizcaino says:

    y que mas paso???…. gordo plis sigue la historia por capítulos!!!

  3. George says:

    los 30 NO SON FAciles!!!! las chicas tampoco… y los hombres cada vez menos!!!!! me gusto mucho esta faceta KUKU

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