Hoy cumplo 34


Hoy cumplo 34 años. Siento que me falta hacer muchas cosas y las que hice no son suficientes. Nací en 1978 y en algún momento mi mamá me tejió un saco celeste y blanco que a los pocos meses usé para saltar en los brazos de mi papá por el mundial y porque el que no saltaba era un holandés. Mi infancia fue feliz. Mis padres me cuidaron mucho y estuvieron y están muy presentes en todo lo que hice y hago. Aunque cuando era chico veía la diferencia de edad con mi hermano como sideral (casi 8 años), el paso del tiempo fue equiparando esa distancia. Uno de mis primeros recuerdos nítidos fue ver a mi mamá emocionada mientras miraba la televisión en un viejo SONY de los ‘80. Yo tenía 5 años y no entendía porque lloraba. Salí al patio y sentado en un escalón, bajo un alero, mi hermano trató como pudo de explicarme que el señor que hablaba desde un balcón era un nuevo presidente pero que esa vez, después de mucho tiempo, había sido elegido por todos.

La política siempre estuvo presente en casa. Mi viejo, cardiólogo, siempre hablaba de la realidad de la salud pública y mi mamá, psicóloga, siempre fue una persona sumamente informada. Creo que de esa mezcla mi hermano y yo forjamos personalidades diferentes pero nos une un gran sentido y sentimiento por la “cosa pública”.

Mi primera camiseta de fútbol era una de Boca que había heredado de mi hermano a la que le hice coser el número 11 de Jorge Comas. En el colegio alguna vez jugué con la 8 de Milton Melgar o Blas Armando Giunta, pero ya en la secundaria jugaba con la 17 por el día de mi cumpleaños y por aquel gol contra Uruguay de Pedro Pablo Pasculli en el mundial 86.

En el colegio fui bastante vago, bastante amigo de mis amigos y bastante tímido con las mujeres. Un boludo con todas las letras.

Cuando llegué a la universidad tomé la insana decisión de seguir una carrera social que hacía del arte de la política una ciencia. Durante ésa etapa aprendí que si bien me había sentido un outsider en la escuela y en el club, ése había sido un recurso que me sirvió para adaptarme mucho más rápido que otros al nuevo contexto universitario. Pasé de ser un vago a ser un nerd pero un nerd que desconfiaba de los que se autodefinían intelectuales. Mi timidez proseguía pero ya no por mucho tiempo más. La universidad fue un gran refugio para mi, pero todo tiene su final y el mundo se me vino encima todo junto.

Soy de una familia donde lo primordial es la educación y donde se cree que con instrucción y ganas se puede obtener lo que uno se propone. Pero a mi me tocó graduarme un poco antes del 2001 y todo lo que me proponía se escurría entre mis manos.

Me refugié en la música por un tiempo, hacía largos viajes a El Palomar para tomar clases de bajo con el gallo Malosetti a quién le tenías que tocar por varios minutos el timbre porque siempre estaba al mango con su batería. Esos viajes y mi banda fueron mi proyecto por unos años, lo único que no se desmantelaba. Tocamos mucho y a veces cuando cuento que llegamos a tocar en Cemento no me creen. Tampoco me creen cosas mucho menores como que iba a ver a Tigre en primera B metropolitana, así que ya me despierta cierta indiferencia cuando alguien automáticamente no te cree. Eso sí, me creen cuando hablo de política y cuando les cuento lo difícil que es armar un partido político como hice yo junto a un gran grupo de jóvenes allá por el 2002-2003. Es increíble, porque por mas pequeña que haya sido esa organización, te creen semejante epopeya. Juntar 4000 firmas, la puteadas en la calle Florida, el trabajo en las villas, la búsqueda de un sueño. La gente cree en experiencias aburridas pero épicas, que tocaste en Cemento, no.

Hay experiencias que por más que hayan sido un rotundo fracaso te marcan a fuego. Creo que ahí perdí la virginidad con la política y encontré un rumbo en mi vida profesional. Tuve un trabajo que amé en un lugar que muchos se irían corriendo despavoridos: el Ministerio del Interior de la Nación. Recorrí los lugares más recónditos del país entendiendo de primera fuente que era el desarrollo territorial. Hasta que un día me llegó una carta que decía que al fin me había ganado algo.

Bajé de un avión en el aeropuerto de Raleigh-Durham en Carolina del Norte y me estaba esperando un gentleman inglés. Puedo decir que odié Chapel Hill, pero que después de unos años me despierto pensando que puedo volver a oler sus árboles, sentir la humedad insolente y oír ese acento sureño que tanto me costaba. Yo fui por una beca completa y volví con un diploma que dice algo sobre planeamiento urbano, un par de líos amorosos en mi haber y un cúmulo de experiencias profesionales en Washington (en esos organismos internacionales dónde un novato mata –literalmente- por mantener el insulso gusto de pertenecer). Washington estuvo bueno mientras duró, pero se hizo mejor cuando conocí a mi mujer haciéndome pasar por un experimentado bailarín de salsa.

Desde 2008 estoy nuevamente acá en la búsqueda de un destino que se hilvana en mi voluntad de seguir adelante. Encontré en estos años que me gusta escribir y reírme de las cosas simples. Encontré que el sentido común en política es el menos común de los sentidos. Encontré que mis amigos siguen siendo mis amigos pase lo que pase. Encontré a la mujer que amo y eso para mi es impagable.

Hoy cumplo 34, hice lo que hice. Hice lo que alcancé a hacer. Hice lo que pude. No me gusta el espejo retrovisor, pero a veces, para tomar impulso hay que mirar atrás porque lo mejor está por venir.

Twitter: @martinkunik

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Comments

  1. Anónimo says:

    Feliz cumple Mar Tin!

  2. Hay formas más cómodas de vivir la vida que las que elegimos nosotros, pero la verdad, me interesan bien poco, y en eso te siento muy cerca. Al leerte me volvió a la mente el famoso cuento de los fueguitos de Galeano: “El mundo es eso (…) un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.”

  3. Anónimo says:

    Muy bueno, te felicito!!!
    Lore.

  4. Siempre te leo, ya sabés. Me hubiera gustado compratir el día con vos, una pena. Ya habrá oportunidad de festejar.
    Los quiero mucho!

  5. Anónimo says:

    ¿Sos el Martín que compartió conmigo una opinión sobre un crítico de cine?
    Lo seas o no, me alegra tu vida y más me alegra tu futuro. Cuida mucho tu amor, tus afectos, tus principios y seguirás siendo una buena persona y feliz.

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