Recuerdo entrometido


Para No Olvidar

Nos vamos volviendo viejos. Poco a poco. No nos damos cuenta porque tenemos treinta y pico. Pero es así. El domingo a la tarde estaba leyendo una nota en un diario acerca de los 50 años que cumplía uno de los popes del Rock Nacional (en mayúscula y no se por qué) que me impactó por una de las anécdotas descriptas.

Andrés Calamaro cumple la mitad de un siglo. Cuando era adolescente yo renegaba de Calamaro. Me parecía un careta en pose de drogón cool que hacía delirar a minitas histéricas que repetían hasta el hartazgo las letras de quien después fue conocido como “el salmón.” Realmente no me lo aguantaba.

En esos momentos yo tenía 16 o 17 años y andaba vapuleado por alguna relación que se había cortado abruptamente y sin oportunidad de apelación. Quizás mi primer desengaño serio. ¿Quien no lo tuvo después de algún verano épico? Volver del descenso directo hasta la superficie toma un tiempo y es todo un proceso.  En ese transcurso uno se refugia en lo que puede. Los amigos te bancan pero nunca es suficiente porque sus consejos van por fuera y tu desilusión va por dentro. Todos tienen diferentes maneras de procesar un duelo, una separación o un quiebre. En mi caso fue la música.

Recuerdo un mediodía que estaba viendo tele acostado en la cama de mis viejos. Cuando empezó a sonar esa canción me fui sentando lentamente y me quedé prestando atención a cada arreglo musical y muy especialmente a la letra que parecía un relato fiel de lo que me pasaba internamente. Desde ese momento busqué “Para no olvidar” de Los Rodríguez para escucharla una y otra vez. Me parecía la perfección.

Sólo se que no se nada de tu vida,

sólo me colgué una vez en el pasado.

Presenté mis credenciales a tu risa,

y me clavaste una lanza en el costado.

Creo que no te dejé jugar con fuego,

sólo nos dijimos cosas al oído.

Y si un día te encontrare una mañana,

será posible, será dormido…

será posible, será dormido.

Experimenté que una canción, si bien no te hace olvidar la tristeza, puede aliviar el proceso de duelo y, años después, llegar a convertirse en la nave insignia de la resurrección interna. Dicen por ahí que los seres humanos somos los únicos que tropezamos con la misma piedra dos veces. Es cierto. Pero también somos aquellos capaces de hacer concientes nuestros fantasmas internos y logramos derrotarlos. Desde este presente absolutamente feliz quería rendir homenaje a esa canción. Feliz cumpleaños Andrés y gracias por todo.

Twitter: @martinkunik

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