Breve relato de una hechicera


Até mis cordones y doblé por pasaje Carabelas, el cartel de la marroquinería ya no estaba y pensaba en el tiempo de viaje que me tocaba frecuentar. Esquivé un bolardo y un banco, esfinges del nuevo urbanismo, y enfilé para la boca del subte. Ahí sucedió. Pasó de golpe con su camisa blanca y corta, sus calzas ajustadas al son de piel y sus botas de provocación. Su melena negra despedía el perfume de la atracción y el ritmo de su caminar inmovilizaba a cualquier transeúnte. Eso fue lo que pasó. Vi todo su trayecto. ¿Treinta metros? ¿Cincuenta a lo sumo? Bajó hacía la línea C y Pedro que venía subiendo paró en el descanso de las escaleras cuando la vio venir e ir. Volvió su mirada hacia adelante y levantó la ceja frunciendo sus labios tratando de asimilar la estela de belleza femenina que había pasado a su lado. No pudo dejar de pensar en ella y en el comentario que iba a derramar en la mesa de amigos para describirla. Sonreí como queriendo demostrar complicidad masculina y seguí mi camino. Mientras me acomodaba la mochila la vi pasar el molinete sin mirar a nadie y quizás sin saber el hechizo que dejaba adherido en la libido de los guardias que la veían pasar.

Su recorrido a lo largo del andén fue percibido por Andrés, un estudiante secundario que estaba esperando la formación abrazado a su novia. Apresuró su mirada al piso, total ya la había visto venir, y la volvió a levantar con disimulo hacia el otro lado una vez que la hechicera hubo de pasar para apreciar sin escrúpulos su ir por unos breves segundos. La perfección, el momento crucial. Volvió su vista a su novia y comenzó una conversación trivial. Mi sonrisa seguía intacta.

Ella llegó al final del andén y mientras era atravesada sin encubrimiento por los ojos de Román, un obrero de la construcción que volvía para José León Suárez, el tren llegó con una sincronía pasmosa. La perdí entre la gente que descendía y los que subían rumbo a Retiro. Me senté y ya fuera de la escena comencé a cavilar sobre como escribir acerca de la obviedad masculina…

Twitter: @martinkunik

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