Cataclisma


 

Dedicado a María Catalina Ramirez Villegas, mi amante, mi confidente, mi esposa.

 

Cataclisma

Voy tomando envión y vuelvo. Miro y voy. Calculo. Pero el grado de alcohol en sangre es bastante severo como para mantenerle el ritmo a esta colombiana, que si bien dice ser colombiana parece holandesa de poca estatura. Unos minutos atrás estaba preguntándome sobre mi pulsera con los colores de la bandera colombiana. Demasiado tarde para mentirle porque el acento argentino no se podía contener con semejante curda.

Sin embargo, el alcohol y la resaca de la mañana no permitió olvidarme de ella fácil. Algo estaba pasando en mi. Una revolución intempestiva. Una seducción inconsciente que me atrapó de inmediato.

Yo venía de una relación amable que en mi cabeza no quería terminar por el miedo a dañar a alguien que se había transformado con el tiempo de amante en amiga. El camino incorrecto. Pero era sólo cuestión de tiempo. Una bomba que iba explotar tarde o temprano y que finalmente de tanto cuidar el momento se complicó y terminó en un mamarracho cobarde a lo largo de una llamada telefónica. Pero fue como fue. Y así las cosas, con mi angustia y mi culpa tuve que mirar para adelante como debí haberlo hecho mucho antes.

Comencé a frecuentarla. Yo estaba un poco aturdido entre mi excitación de lo nuevo y mi culpa de pisar lo pasado. Pero volvía contento de cada salida con ella. Hablábamos el mismo idioma, no solo el idioma lingüístico sino el de las almas solitarias de un país ajeno a nuestras respectivas costumbres. Fue muy bueno encontrarla porque entendí que si bien nos sentíamos solos los dos nuestra relación crecía poco a poco, día tras día.

Muchas veces me provoca ternura con esos ojitos transparentes que con una mirada triste me busca para que la consienta ad infinitum. En otras ocasiones, cuando uno busca “sacarle la piedra”, la mansedumbre hippie de esta colombianita puede transformarse en una tempestad furiosa digna de gallos de riña. Siempre me pregunto como puede entrar tanta energía en un cuerpo tan chiquito.

Así las cosas, y paso un año desde que la conocí. La distancia interrumpió momentáneamente la cotidianidad de las risas, abrazos, caricias y…peleas en persona. Pero en los momentos en que estamos juntos disfruto cada segundo con ella. Falta poco para que venga…y se deje querer.

Buenos Aires, 04:05

27 de diciembre de 2008.

Seguime en Twitter: @martinkunik

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