Transcurso


Río Gallegos, en algún momento de la noche…transnoche….no se, en algún momento. Hace varios meses que me pregunto qué escribir y va retumbando en mi mente diversos temas que, por el momento, uno no logra vislumbrar la vuelta de rosca necesaria para desarrollar diversos párrafos. ¿Para qué escribir sobre lo que estoy haciendo en Argentina? No le importa a nadie. Doy clases en la UCA sobre Economía Urbana, estoy armando el Centro para la Competitividad Urbana y me entrego a la locura de un tipo que hace 15 años se la pasa viajando por la Patagonia asesorando dirigentes locales. Y punto. De las tres cosas, la última me hizo pensar repentinamente sobre la historia, la política, la economía y las mesas de café en la Argentina. Un cambalache mental.

Ayer me vi rodeado de ese aura efimero y a veces vacío de la política nacional. Estabamos con este loco por la Patagonia apenas llegados al hotel Santa Cruz para dar unas charlas ante varios concejales de la provincia. Solo fueron unos minutos, dos o tres y de repente llega el Gobernador Daniel Peralta con su vice. Venía a inagurar el Foro Provincial de ediles. El tipo entra con su saco y corbata impecables, con un estilo alejado de su años de sindicalista, y nos da la mano a Alex y a mi. Sólo bastó ese gesto para que todos los presentes se den vuelta y que la camaras de los medios locales y provinciales asomaran sus camaras fotográficas por algunos momentos sobre nosotros. Bah…sobre ellos. Ese momento de atención se resquebrajó en pocos segundos cuando el delfín del ex presidente (en funciones) siguió la marcha hasta la mesa donde hablaría unos minutos mas tarde.

En ese instante le dije a Alex, que tuvo la oportunidad circunstancial de acercarle a Perlata un libro, una frase repleta de intelectualidad:

–         ¡qué culo, justo acababamos de llegar!…

Todo es efimero, todo es circunstancial en la política. La atención puede durar lo que un pedo en un canasto. Perdón, lo que un lirio fuera del agua…

Todo es infantil, sacarse una foto dándole la mano a un dirigente o concurrir/no concurrir a un acto público puede dar cierto rédito.

Hablar en contra o a favor sin justificaciones claras da su rédito. Justificar políticas con la ambigüedad del “bien común” son un gran as de la manga.

Segundo acto. El tipo tenía el aspecto cuidadosamente descuidado de intelectualidad. ¿Me siguen? Y se había sentado a cenar con nosotros. De repente, en medio de la polémica, sale a relucir su defensa hacia este gobierno “nacional y popular” diciendo que “la oligarquía (sic) nunca hubiera podido hacer un acto tan popular como el que hizo” y por último, “que la gente sale a la calle por el bolsillo y nada mas.”

En un primer momento, antes de atestar la respuesta, uno piensa que debe ser cuidadoso porque sino te tildan o te ponen motes de lo que no sos. ¿Por ejemplo? Facho, gorila, oligarca, ciego, temeroso, desleal, pecho frio…Sin embargo, cuando desnudas su ingenuidad tratan de hacer que en realidad quisieron decir otra cosa, que en realidad nosotros no habíamos entendido su argumento. Que sin intención, nosotros tergiversamos la cosas.

A la indignación acerca de que la gente de clase media sólo sale a la calle cuando le tocan el bolsillo respondí: “¿Y? ¿Cuál es el problema? Si, salen sólo por un tema de guita. ¿Esta mal? ¿Es inmoral protestar por plata?.” Ante el desnudo por la falta de cimientos en su argumento, todo el aura contestataria y combativa se transforma en un halo suave en busca de “explicarse mejor, sobre lo que quiso decir.”

Mientras recorro el país, miro la arquitectura de las ciudades. Quizás lo hago por una deformación profesional o porque simplemente me gusta el arte. Mientras ocurre el proceso de avistaje me pregunto, con cierta inocencia, cómo mierda se hicieron esos extraordinarios edificios públicos. Desde el Banco Nación en la plaza principal hasta la Municipalidad, desde el colegio principal hasta el centro cultural. ¿Cómo? ¿Quienes? Muchas veces investigo, otras no me da el tiempo ni las ganas. Pero reaparecen en mi mente esos monumentos a la comunidad y al futuro (que hoy es presente) cuando en una charla de café en el culo del mundo se trata de arreglar el país y encontrarle la vuelta para parar la corrupción que ya se nos fue de las manos.

No es el texto mas ordenado que escribí. Pero no me importa. Lo escribí con cierta displicencia y se nota. No es lo mejor escrito por mi, pero tampoco me importa. Sólo quería romper con la hoja en blanco e impregnar el espacio con ciertas ideas que se aparecen cuando uno recorre el fin del mundo. Ese lugar desolado, lleno de riqueza natural y que comparte el frío de la estepa diaria que es la política argentina y su historia.

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